Super Bowl
Sutil pero contundente. En el Super Bowl Benito mandó varios mensajes políticos que tal vez se te escaparon. Aquí los desmenuzo.
Por Rodrigo Balvanera
El espectáculo de medio tiempo de Bad Bunny fue una clase maestra de cómo el simbolismo bien usado puede ser más poderoso que cualquier discurso político.
Benito no salió a esputar insultos contra Trump. Tampoco mencionó a ICE, como sí lo hizo en los Grammy. Pero no fue por tibio. Fue un cálculo político. Cuando la resistencia vuela por debajo del radar, es mucho más difícil de detectar, y por lo tanto de censurar.
Y por eso Bad Bunny construyó su mensaje símbolo por símbolo.
Para empezar su show empezó con la frase: “qué rico es ser latino”.
Una afirmación política en un contexto donde ser latino en Estados Unidos se ha convertido en una categoría sospechosa. Donde ICE te puede parar en la calle por tu color de piel. Arrancar así el show significa disputar el punto de partida emocional. Bad Bunny grita que no tenemos vergüenza, tenemos orgullo.
El campo en Puerto Rico lleno de trabajadores no era solo el paisaje o la escenografía. Era una alusión directa a los cientos de miles de trabajadores latinos y migrantes que trabajan en el campo en Estados Unidos… El mensaje es poderoso: mientras el discurso político criminaliza a los migrantes, el país se alimenta literal y materialmente de su trabajo.
Luego aparecen los puestos en medio del campo con trabajadores migrantes. Puestos de cocos fríos, de uñas; mujeres en la construcción, viejos vendiendo piraguas; un puesto de tacos; dos boxeadores, uno de Puerto Rico, el otro de México; un puesto de compra de oro y plata. No eran folclor ni adornos del show. Era la representación de la economía informal, del autoempleo, de oficios, del trabajo cotidiano. Es una respuesta visual al estereotipo dominante: frente a la narrativa que una al migrante con el crimen, Bad Bunny propone una narrativa de trabajo digno y de vida productiva. Millones de migrantes se ganan la vida así en Estados Unidos.
Luego vienen los detalles que pueden parecer banales pero no lo son:
El pastel de bodas, el niño dormido en las sillas de la fiesta.
Estos gestos son profundamente políticos porque muestran la normalidad de la vida latina. Es la humanización de una comunidad que es catalogada como animal desde el poder.
Después aparece un estadounidense blanco casándose con una latina. E inmediatamente entra Lady Gaga. No como simple colaboración musical, sino como símbolo de una sociedad ya mezclada. El mensaje es directo: la integración en Estados Unidos ya ocurrió. Y aunque el discurso proveniente de la Casa Blanca intente promulgar una idea racial del país que ya no existe, Lady Gaga canta sus canciones al ritmo de la salsa. Los latinos se casan con los blancos, y los blancos con los negros, y los negros con los latinos. Una mezcla festiva de culturas. Eso es Estados Unidos.
Después Bad Bunny, al son de Baile inolvidable manda un mensaje directo a una comunidad que vive hoy con miedo: “baila sin miedo, ama sin miedo”.
No fue una frase romántica. En un contexto de detenciones inhumanas y deportaciones masivas, bailar y amar sin miedo se convierte en una forma mínima de desobediencia emocional. Y desde ahí, desde el baile, también puede nacer la resistencia política.
Luego Ricky Martin irrumpe con una línea clave: “no quiero que hagan contigo lo que le pasó a Hawái”. De la canción Lo que le pasó a Hawái.
En una sola frase aparece la historia colonial de Estados Unidos, la pérdida de soberanía de Puerto Rico y la advertencia de que el despojo no es un accidente, es un proceso político.
Luego Benito entrega el Grammy a un niño que está viendo en la tele cómo recibe el Grammy el mismo Bad Bunny. Esto es una genialidad, porque en 5 segundos encapsula a la perfección la importancia de la representación étnica. ¿Cuántos niños latinos no van a soñar hoy con tocar en el Super Bowl gracias a que Bad Bunny ya lo hizo?
Ya para acabar le dice al estadio completo: “God Bless America”... pero por América no se refiere a Estados Unidos, sino que menciona a Argentina, Chile, Uruguay… al continente entero, de sur a norte. Lo que no se nombra no existe. Y hay que nombrar muy clarito que América es un continente, no un país.
Y Mientras hace eso, en la pantalla del estadio aparece esta frase: lo único más poderoso que el odio es el amor.
Acaba por todo lo alto Bad Bunny, en lugar de responder políticamente con odio y fricción, lo hace con amor. Y por eso es mucho más poderoso.
Y ya para rematar, enseña un balón de americano que dice Together, We Are America. Y grita “seguimos aquí”. Un seguimos aquí que no es de victoria, pero sí es de permanencia y resistencia política.
Lo dicho, Bad Bunny pudo haber nombrado a Trump. Pudo haber mencionado a ICE. Y eso seguro habría generado titulares.
Pero eligió algo más difícil de neutralizar desde el poder: reescribir, símbolo por símbolo, quiénes son los latinos en Estados Unidos y qué lugar ocupan en su vida social.
La historia lo muestra con claridad: los símbolos no cambian gobiernos. Cambian primero el sentido común. Y cuando el sentido común cambia, el poder empieza a perder terreno mucho antes de que se cambie una sola ley.
Larga vida a Benito.
El artículo original se puede leer en BalbaNews/Substack








