domingo, 16 de marzo de 2025

Retrato de Bob Dylan en sol mayor

Compositores

Timothée Chalamet en una escena de ‘A complete unknown’. FilmAffinity
Jesús Albarrán Ligero, Universidad de Sevilla

En el libro Oh No! Not Another Bob Dylan Book, los periodistas británicos John Bauldie y Patrick Humphries rastrean la fascinación que suscita el Premio Nobel entre sus legiones de seguidores. Era 1991 y, por supuesto, en Norteamérica el libro se publicó con otro título: Absolutely Bob Dylan.

El aluvión de biografías, compendios de letras, antologías y ficciones sobre el misterioso juglar es inagotable. Ahora, la película A complete unknown (“Un completo desconocido”) se suma a la lista. Buena parte de esta biblioteca busca descifrar una cuestión: ¿quién es Bob Dylan?

La pregunta resulta aburrida y tediosa. No sabemos quién era Bob Dylan. Sin embargo, en sus primeros años, sí sabemos quién quería ser: Woody Guthrie.

New York, New York

Enero de 1961. Dylan abre la puerta trasera de un sedán negro en una calle incierta de Nueva York. Sólo persigue una cosa: la sombra de Woody Guthrie. Después de escuchar sus vinilos grabados por la discográfica Folkways y de la lectura de su autobiografía Bound for Glory, Dylan llega a la gran ciudad enamorado de las aventuras de Guthrie.

Woodrow Wilson Guthrie (1912-1967) había sido un bardo locuaz. Pero la voz y guitarra presente en sindicatos, minas y aserraderos estaba en aquel momento impedida en una cama de hospital (en Nueva Jersey). Su obsesión y amistad con un mudo Guthrie permitiría a Dylan conocer a los grandes protagonistas del Primer Folk Revival, el resurgimiento de la música folk: Pete Seeger, Sonny Terry, Lee Hays, Ramblin’ Jack Elliot, etc.

En Nueva York le esperaba lo incierto.

La bohemia: Greenwich Village

El Greenwich Village era el barrio de la ciudad donde se cocía lo último del panorama folk. En sus calles alternaban freaks, poetas, humoristas, actores y cantautores. Mientras dormía en sofás ocasionales, Dylan se nutría de un valioso material musical y literario en las estanterías de amigos y conocidos: de igual manera escuchaba discos descatalogados o primeras ediciones inglesas que leía a Faulkner y a los poetas simbolistas franceses (Charles Baudelaire, Stéphane Mallarmé, Paul Verlaine, Arthur Rimbaud, etc.).

Al cabo de unos meses, Dylan ya compartía vino y acordes con las jóvenes promesas del folk en ciernes: Phil Ochs, Tom Paxton, Hal Waters, Paul Stookey, Mark Spoelstra, Paul Clayton, Dave Van Ronk, Joan Baez y un largo etcétera.

En el entorno del Village todo ocurría demasiado deprisa, pero Dylan caminaba diez metros por delante. Como recuerda Spoelstra: “No necesitabas coger el autobús cuando ibas caminando con Dylan. Ibas con él y adelantabas al autobús por la ciudad”.

Algunos biógrafos achacan este nerviosismo a su premura por encontrar un trabajo estable como músico. Los conocidos de la época coinciden en un detalle: una incontinencia en su pierna derecha; taladraba el suelo como si esperara algo. ¿Esperaba algo, Dylan? ¿El cambio, aquel que prometía en “The Times They are a-Changing” en sol mayor, un acorde tan querido en la música tradicional americana por su versatilidad y acomodo vocal?

El cambio es lo único que permanece”, repetía como un Heráclito desvergonzado.

Contra el purismo

En las aceras del Village, Dylan ya era considerado un freak alejado de las formas normativas y el purismo.

Un joven cantante toca la guitarra y la armónica frente a un micrófono.
Bob Dylan en 1963 en Nueva York. Wikimedia Commons

Para la lógica de estudiosos, periodistas y críticos del folk, Dylan se emparejaba con lo más “bajo” del “bajo folk”: no respetaba las normas de interpretación de las grabaciones canónicas, retorcía el lenguaje y sustituía letras, dejes y acordes a su antojo cuando subía a las tablas de los locales ocasionales –el Gerde’s Folk City, el Gaslight Cafe o el Cafe Wha?–. Lo hacía desde una performance algo bipolar: a medio camino entre Chaplin o Buster Keaton y el melodrama congénito del joven itinerante, sin casa ni familia.

Gracias al entusiasmo del periodista Robert Shelton, Dylan firmaría con Columbia tras una crítica muy positiva en The New York Times: “Un destacado estilista de la canción folk”.

Después de un discreto primer álbum llegaron el éxito de “Blowing in the Wind”, la maquinaria de Columbia y los recitales universitarios de Peter, Paul and Mary promocionando el álbum The Freewheelin’. Dylan ya era famoso.

Del folk al rock

El cambio inesperado parecía una constante en el devenir creativo de Dylan. Primero, alejándose de la canción protesta trazada hábilmente en The Times They are a-Changing en 1964 y en parte también en The Freewheelin’ Bob Dylan un año antes. Y después aferrándose a las imágenes imposibles de Another Side of Bob Dylan. Quizá en este disco se pudiera intuir con mayor eco su naciente amistad con Allen Ginsberg y Peter Orlovsky, estandartes de la poesía beat.

Dylan se volvería “mucho más joven”, como cantaba en “My Back Pages”, y se movería más allá de Norteamérica en el 64. En Londres, mantuvo contacto con The Kinks, The Rolling Stones y The Animals. Según varios biógrafos, es probable que el mismo bardo le tendiera a estos últimos el acetato de su primer disco Bob Dylan, donde esperaba agazapada la canción tradicional “House of the Rising Sun”.

The Animals versionan en rock ‘House of the Rising Sun’.

Acercándose al formato de banda eléctrica, Dylan conseguiría acomodar la subversión grotesca y urbana de un imaginario folk (en canciones como “Maggie’s Farm”, “Tombstone Blues”, “Queen Jane Approximately” y un largo etcétera) con la salvaje irreverencia de la guitarra eléctrica, primero con Mike Bloomfield, más tarde con Robbie Robertson y The Band. Su bautizo sería en el Festival de Newport de 1965.

Dylan Goes Electric!

El estrepitoso concierto eléctrico de Newport en 1965 se ha comparado con el estreno de la Consagración de la Primavera, obra de ballet y concierto orquestal escrita en 1913 por Igor Stravinski. Como en Newport, el público desconcertado había abucheado a la obra de Stravinski por su audaz, agresivo y brutal modernismo. El recibimiento al nuevo sonido de Dylan fue parecido.

¿Qué esperaba Dylan irrumpiendo con una banda de rock en el festival folk que le había visto nacer?

Como ruptura y trauma, se habla sobre la “transición eléctrica” de Dylan, pero esta transición como tal nunca ocurrió. Dylan nunca había dejado de considerarse un roquero. Desde pequeño, escuchaba de madrugada al disc-jockey Gatemouth Moore entre las sábanas, atento a que el volumen de la radio no despertara a sus padres. Buddy Holly, Bobby Darin, Little Richard, Elvis Presley y Bill Halley se entremezclaban con los acordes añejos de Odetta y Hank Williams en las ondas.

La mayor aportación de Dylan es su figura como audaz catalizador. El material artístico y popular no pertenece a nadie y esto lo saben muy bien los estudiosos del folk en todas sus facetas.

¿Quién era Dylan? Quizá el comentario más revelador sobre el bardo en este sentido lo acuñara el periodista Oscar Brand: “Dylan escribió un poema con la vida que deseaba. Lo escribió para sí mismo y lo interpretaba… Eso fue lo que le llevó al éxito”.

Ni siquiera el caleidoscopio cubista que nos regaló el director Todd Haynes en la película I’m Not There escapa a las sombrías esquinas del yo. ¿Quién era Dylan? Un irremediable apasionado de la música tradicional, un astuto agente del entusiasmo, un jugador nato: la figura cruel del cambio o la posibilidad de la esperanza. ¿Esperaba algo Dylan? Por supuesto. Todo jugador siempre espera algo.The Conversation

Jesús Albarrán Ligero, Profesor en Literatura Española e Hispanoamericana, Universidad de Sevilla

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

viernes, 14 de marzo de 2025

El Video musical que se ha hecho viral en el mundo


Hace unos días publicaba en este blog un post sobre
"We Are the World", una canción emblemática lanzada en 1985 con el propósito de recaudar fondos para combatir la hambruna en Etiopía, canción que escrita por Michael Jackson y Lionel Richie, producida por Quincy Jones, y grabada por el supergrupo USA for Africa, que reunió a 43 de los artistas más destacados de la época, a los que hay que añadir a Quincy y a Ken Kragen.

Pues bien, desde hace unos días circula por las redes sociales un video hecho con IA Gen en el que se sustituyó la cara de los cantantes originales, por las de satrapas, autócratas y políticos extremistas de todo el mundo. 

El video es genial, porque el mensaje de la canción es genial, pero en boca de estos personajes que aparecen en las imágenes resulta insultante, sobre todo porque "We Are the World" es una canción icónica con un poderoso mensaje de unidad y solidaridad global. La letra aborda temas como la unión de la humanidad en tiempos de necesidad, la importancia de ayudar a los demás, el poder del amor y la compasión, y la responsabilidad compartida de crear un mundo mejor. El estribillo, que se repite varias veces, enfatiza que "somos el mundo" y "somos los niños", haciendo hincapié en nuestra responsabilidad colectiva.

Ojalá el mensaje de la canción calara en estos personajes y permaneciera grabado en sus meninges, pues el mundo se libraría de muchos de sus mas graves problemas, y la gente viviría mejor.

 

lunes, 10 de marzo de 2025

La mejor canción de la historia de la música

Historia de la música

Por Luis Domenech

"We Are the World" es una canción emblemática lanzada en 1985 con el propósito de recaudar fondos para combatir la hambruna en Etiopía. Fue escrita por Michael Jackson y Lionel Richie, producida por Quincy Jones, y grabada por el supergrupo USA for Africa, que reunió a 43 de los artistas más destacados de la época, a los que hay que añadir a Quincy y a Ken Kragen.

La idea surgió del cantante y activista Harry Belafonte, inspirado por el éxito de la canción británica "Do They Know It's Christmas?" de Band Aid. Belafonte quería replicar este modelo en Estados Unidos para recaudar fondos destinados a África. Con la ayuda del mánager Ken Kragen, se organizó el proyecto, y se convocó a artistas como Stevie Wonder, Bruce Springsteen, Bob Dylan, Tina Turner, Cyndi Lauper, entre otros.

We Are the World" es una canción icónica con un poderoso mensaje de unidad y solidaridad global. La letra aborda temas como la unión de la humanidad en tiempos de necesidad, la importancia de ayudar a los demás, el poder del amor y la compasión, y la responsabilidad compartida de crear un mundo mejor. El estribillo, que se repite varias veces, enfatiza que "somos el mundo" y "somos los niños", haciendo hincapié en nuestra responsabilidad colectiva.

La canción alterna entre versos que describen los desafíos que enfrenta el mundo y coros inspiradores que llaman a la acción. Incluye párrafos sobre lo que podemos hacer para ayudar y cómo lo que hagamos puede salvar vidas. Todos somos parte de una gran familia global, que debemos de estar unidos y actuar juntos contra el hambre en el mundo, y que la fuerza  surge cuando las personas se unen por una causa común. A mi personalmente es la canción que siempre me hace llorar de emoción porque me llega al corazón.

Es importante notar que esta canción, lanzada en 1985, sigue siendo relevante hoy en día, no solo por su maravillosa música, sino por el mensaje que transmite,especialmente en los momentos de crisis global. Su mensaje de empatía y unidad a través de la música continúa resonando con las audiencias, incluso en el año 2025.

Michael Jackson y Lionel Richie escribieron la canción en una semana en la casa familiar de los Jacksons. La grabación tuvo lugar el 28 de enero de 1985 en los estudios A&M en Los Ángeles. Quincy Jones lideró la producción e impuso estrictas reglas para garantizar un ambiente colaborativo entre las estrellas presentes. La canción ha batido todos los records de audición, de visualización y de beneficios, y es la obra maestra de la música moderna, estando presente en todos los Top Ten conocidos.

  • La canción generó más de 80 millones de dólares destinados a ayuda humanitaria.
  • Vendió 7.5 millones de copias solo en Estados Unidos y alcanzó el número uno en las listas de ventas durante varias semanas.
  • Ganó premios Grammy como Canción del Año y Disco del Año.
  • Fue el himno de iniciativas como Live Aid y Hands Across America
  • A día de hoy, el video oficial lleva mas de 72 millones de visualizaciones en You Tube.

Aquí están los 43 artistas que grabaron la canción "We Are the World" en orden alfabético:

  1. Al Jarreau

  2. Bette Midler

  3. Bill Gibson

  4. Billy Joel

  5. Bob Dylan

  6. Bob Geldof

  7. Bruce Springsteen

  8. Chris Hayes

  9. Cyndi Lauper

  10. Dan Aykroyd

  11. Daryl Hall

  12. David Paich

  13. Diana Ross

  14. Dionne Warwick

  15. Harry Belafonte

  16. Huey Lewis

  17. Jackie Jackson

  18. James Ingram

  19. Jeffrey Osborne

  20. John Oates

  21. Johnny Colla

  22. Kenny Loggins

  23. Kenny Rogers

  24. Kim Carnes

  25. La Toya Jackson

  26. Lindsey Buckingham

  27. Lionel Richie

  28. Mario Cipollina

  29. Marlon Jackson

  30. Michael Jackson

  31. Paul Simon

  32. Randy Jackson

  33. Ray Charles

  34. Sean Hopper

  35. Sheila E.

  36. Smokey Robinson

  37. Steve Perry

  38. Stevie Wonder

  39. The Pointer Sisters (Ruth, Anita y June Pointer)

  40. Tina Turner

  41. Tito Jackson

  42. Waylon Jennings

  43. Willie Nelson

Esta lista incluye a los vocalistas solistas y a los miembros del coro que participaron en la grabación de "We Are the World" el 28 de enero de 1985. Y esta es la letra de la canción:

There comes a time when we heed a certain call
When the world must come together as one
There are people dying
Oh, and it's time to lend a hand to life
The greatest gift of all

We can't go on pretending day by day
That someone, somewhere will soon make a change
We are all part of God's great big family
And the truth, you know, love is all we need

We are the world, we are the children
We are the ones who make a brighter day
So let's start giving
There's a choice we're making
We're saving our own lives
It's true, we'll make a better day
Just you and me

Woah, send them your heart
So they'll know that someone cares
And their lives will be stronger and free
As God has shown us by turning stones to bread
And so we all must lend a helping hand

We are the world, we are the children
We are the ones who make a brighter day
So let's start giving
Woah, there's a choice we're making
We're saving our own lives
It's true, we'll make a better day
Just you and me

When you're down and out, there seems no hope at all
But if you just believe, there's no way we can fall
Well, well, well, let us realize, oh, that a change can only come
When we stand together as one

We are the world, we are the children
We are the ones who make a brighter day
So let's start giving
There's a choice we're making
We're saving our own lives
It's true we'll make a better day
Just you and me

We are the world, we are the children
We are the ones who make a brighter day
So let's start giving
There's a choice we're making
We're saving our own lives
It's true we'll make a better day
Just you and me

We are the world (the world)
We are the children (are the children)
We are the ones who make a brighter day
So let's start giving (so let's start giving)
There's a choice we're making
We're saving our own lives
It's true, we'll make a better day
Just you and me

We are the world (we are the world)
We are the children (we are the children)
We are the ones who make a brighter day
So let's start giving (let's start giving)
There's a choice we're making
We're saving our own lives
It's true, we'll make a better day
Just you and me

We are the world (we are the world)
We are the children (we are the children)
We are the ones who make a brighter day
So let's start giving (so let's start giving)
There's a choice we're making
We're saving our own lives
It's true, we'll make a better day
Just you and me

We are the world (we are the world)
We are the children (we are the children)
We are the ones who make a brighter day
So let's start giving (so let's start giving)
There's a choice we're making
And we're saving our own lives
It's true, we'll make a better day
Just you and me

We are the world (the world)
We are the children (are the children)
We are the ones who make a brighter day
So let's start giving (so let's start giving)
There's a choice we're making
We're saving our own lives
It's true we'll make a better day
Just you and me

We are the world (we are the world)
We are the children (are the children)
We are the ones who make a brighter day
So let's start giving (so let's start giving)
There's a choice we're making
We're saving our own lives
It's true we'll make a better day
Just you and me

We are the world (the world)
We are the children (are the children)
We are the ones who make a brighter day
So let's start giving (let's start giving)
There's a choice we're making
We're saving our own lives
It's true we'll make a better day
Just you and me.

 

lunes, 20 de enero de 2025

Bad Bunny fotografía la herencia cultural e histórica de Puerto Rico en su último álbum


Barbara Barreiro Leon, University of Aberdeen

Benito Antonio Martínez Ocasio (Bad Bunny) ha sido un activista político vocal desde el inicio de su carrera. En sus álbumes, el artista puertorriqueño ha abordado ocasionalmente cuestiones como la gentrificación, la pérdida de identidad y las fuerzas coloniales. Sin embargo, su último disco, DeBí TiRAR MáS FOToS, se centra exclusivamente en estos temas.

Lanzado el 5 de enero de 2025, este nuevo álbum resalta las luchas de Puerto Rico contra su colonizador, Estados Unidos, y la constante batalla por la preservación de su identidad. Ya liderando las listas en diversas plataformas y dominando las tendencias en redes sociales, el disco resuena profundamente en el actual clima político de EE. UU., marcado por la invasión y la apropiación forzada. Es un potente ejemplo de estudios decoloniales llevados a un escenario global y popular.

Una relación desigual

Y es que la relación entre Estados Unidos y Puerto Rico, aunque desconocida por muchos, ha sido un tema de conversación constante desde 1898, cuando la isla pasó de ser parte de la corona española a convertirse en colonia del país norteamericano. En esta nueva etapa de colonización, se intentó cambiar su identidad, su lengua, su religión e incluso su música.

Actualmente, es un territorio no incorporado de los Estados Unidos –los puertorriqueños son ciudadanos estadounidenses desde 1917– que puede autogobernarse como haría otro estado del país. No obstante, el Congreso de Estados Unidos tiene el poder de ejercer su soberanía y, sin embargo, los residentes en Puerto Rico no pueden votar en las elecciones presidenciales estadounidenses.

En el último álbum, canciones como “LO QUE LE PASÓ A HAWAii” claman por ayuda para Puerto Rico, ahora convertido en un parque temático para magnates estadounidenses atraídos por la excención de impuestos promovida por el gobierno. La canción aborda la apropiación de tierras, cultura y recursos, y, más que un lamento, suena como una auténtica canción protesta.

La memoria personal y colectiva

Antes del lanzamiento, Bad Bunny estrenó un cortometraje que cuenta con el cineasta y actor Jacobo Morales como protagonista, donde exploró la memoria a través de la música popular y la fotografía. En él, un Benito anciano interpretado por el actor desentierra una cápsula del tiempo que el mismo cantante había enterrado en el videoclip del sencillo “EL CLuB”.

Morales ya había colaborado con Bad Bunny en el videoclip de “Desde el Corazón” (2018). Allí, el cantante, interpretado por un niño y también por sí mismo, hacía un recuento de quién era, cómo y dónde había crecido, y quiénes habían sido su inspiración. Además, incorporaba elementos de la historia de Puerto Rico, como el Huracán María, un tema que ha sido recurrente en sus canciones (de manera especial en “El Apagón, de 2022, y ”Una Velita“, de 2024) desde que tuvo lugar en septiembre de 2017. Durante un tiempo, Bad Bunny centró parte de su identidad visual en ese niño que, siendo él mismo en su juventud, volvió a aparecer en la imaginería de su siguiente disco, YHLQMDLG.

Ahora, el niño se ha transformado en un anciano, apropiado de sus recuerdos, o mejor dicho, de la falta de ellos. Esta memoria, no solo individual, sino también colectiva (la de Puerto Rico), es la que conforma DeBí TiRAR MáS FOToS.

El cortometraje DeBÍ TiRAR MáS FOToS.

Este nuevo disco está acompañado por los llamados visualizers en YouTube, una serie de vídeos que acompañan a las canciones, pero que no pretenden formar una imagen literal de ellas como lo haría un videoclip.

En estos vídeos se narra la historia colonial de Puerto Rico y la resistencia del pueblo ante ella. Se explora la conformación de la bandera, la importancia de sus mitos, de su gente y de su ecosistema. Además, en estos visuales, al igual que en el propio disco y el cortometraje, los colores están cuidadosamente elegidos para representar la bandera de Puerto Rico, la "azul clarito”, como dice Benito en “LA MuDANZA”. Una bandera que simboliza la lucha por la independencia colonial y la preservación de la cultura puertorriqueña desde 1895.

Visualizer de la canción ‘NUEVAYoL’.

A qué suena Puerto Rico

No solo este disco es un acontecimiento visual sobre la historia y la resiliencia de Puerto Rico, sino que también lo es a nivel auditivo. El artista lanza canciones a ritmo de salsa, jíbara, plena, bomba y reggaetón, géneros todos nacidos en la isla del encanto, Puerto Rico.

De esta manera, reivindica la identidad a través de las artes, de la música e incluso de su jerga. Esta no solo está presente en las letras, sino también en los títulos de las canciones (“NUEVAYoL”, “WELTiTA”, “KETU TeCRÉ”). En “EoO” canta: “Estás escuchando música de Puerto Rico, nosotros nos criamos escuchando y cantando esto, en los caseríos, en los barrios”.

Videoclip del tema ‘BAILE INoLVIDABLE’, una salsa que también cuenta con la participación de Jacobo Morales.

Este disco también es un lamento por la migración forzada, por aquellos boricuas que se han visto obligados a abandonar la isla debido a la opresión colonial, ya sea financiera o por la extorsión resultante de la gentrificación y la expropiación de terrenos.

Así, el álbum comienza con “NUEVAYoL”, un canto dedicado a los nuyoricans, los expatriados puertorriqueños que residen en Nueva York. Esta reivindicación no se limita a una sola canción. El dolor de la diáspora resuena a lo largo de otras composiciones de su discografía, aunque en este disco se refleja de manera especialmente intensa en temas como “LA MuDANZA” o “DtMF”. Sin embargo, incluso en esa diáspora, Benito recuerda que sigue existiendo un profundo sentimiento identitario y patrimonial hacia la herencia cultural de Puerto Rico.

De hecho, fue en Nueva York donde surgió un fuerte sentimiento de independencia ya a finales del siglo XIX. Y fue allí mismo donde se diseñó la bandera, aquella por la que, como dice en “LA MuDANZA”, “mataron gente por sacar[la]”. Por eso, viene a decir, él la lleva donde quiera.The Conversation

Barbara Barreiro Leon, Profesora Titular en Film & Visual Culture, Spanish and Latin American Studies, Universidad de Aberdeen, University of Aberdeen

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

lunes, 9 de septiembre de 2024

Por qué decimos ‘dar el do de pecho’: expresiones que provienen de la música

Música y linguística

José Carreras dando el do de pecho en un concierto en Zagreb, Croacia. Ivica Drusany/Shutterstock
María Isabel de Vicente-Yagüe Jara, Universidad de Murcia y José Ibáñez Barrachina, Universidad de Murcia

Frecuentemente, escuchamos o empleamos expresiones como dar el do de pecho, poner en solfa, sonar la flauta, el año de la polca, perder el compás, sin ton ni son o bajar el diapasón. Se trata de modismos o dichos con un origen y tradición musical que habitualmente desconocemos.

En nuestra reciente investigación hemos analizado muchas de ellas: profundizar en su origen nos permite desvelar la transformación de los significados que el tiempo ha ido construyendo.

¿Cómo se crean las frases hechas?

En la comunicación se emplean frases hechas en situaciones específicas, cuyo significado no es deducible de las palabras que las conforman. A menudo las usamos sin ser conscientes de su condición de unidad, pues pertenecen a nuestro acervo cultural y memoria lingüística.

La lengua es un instrumento en evolución y construcción permanente. También es un importante medio para comprender nuestro mundo y, consecuentemente, poder actuar en el mismo. Al analizar la procedencia del lenguaje, utilizando una combinación de enfoques etnográficos, sociolingüísticos y pragmáticos, entendemos su sentido y podemos identificar más fácilmente su uso en los contextos adecuados.

Dar el do de pecho

Alguien da el do de pecho cuando realiza un esfuerzo extraordinario para conseguir un fin o cuando hace algo con maestría y excelencia. La expresión se refiere al do₅ de la escala según el sistema de notación musical internacional, es decir, el do situado en una octava superior al do central del piano. Es una de las notas más agudas de la tesitura del tenor y, por tanto, uno de los mayores retos de esta voz.

En 1831, Gilbert Duprez consiguió llegar a este do sin hacer uso del falsete en la ópera Guillermo Tell. En su lugar, empleó un registro donde participaban las resonancias de pecho y de cabeza.

Luciano Pavarotti fue bautizado con el sobrenombre de Rey del do de pecho, por su extraordinaria capacidad para alcanzar dicha nota. En 1972 logró ejecutar nueve veces el do de pecho en la ópera La hija del regimiento de Donizetti (Metropolitan Opera House, Nueva York).

Luciano Pavarotti da el do de pecho en el Metropolitan de Nueva York.

En la actualidad, su uso se ha extendido y leemos titulares como el siguiente: “Una promesa del balonmano que da el do de pecho.

Tener bemoles

Decimos “la cosa tiene bemoles” para indicar que algo resulta indignante, difícil o sorprendente.

En música, el bemol es una alteración que rebaja un semitono a la nota afectada. En este sentido, el origen de la expresión puede derivar de la dificultad en la interpretación de las notas con bemoles para el músico. De hecho, otras variantes que intensifican la locución son tener tres bemoles e, incluso, tres bemoles y un sostenido.

Por otra parte, diferentes tratadistas musicales asocian el bemol con la mujer. La terminación -mol proviene del latín molle, que significa tierno, blando, paciente. Incluso, Martín de Tapia Numantino señalaba que el bemol es afeminado, mientras que el becuadro es varonil.

Esta idea de género llega a hacerse extensiva a los caracteres nacionales. Juan Bermudo, siguiendo al teórico y compositor Franchino Gaffurio, explica así el modo de cantar y emoción de cada nación:

“Los ingleses jubilan, los franceses cantan, los ytalianos unos balan como cabras y otros ladran como perros, los alemanes aúllan como lobos y los españoles lloran: porque son amigos de bmol”. Declaración de instrumentos musicales (libro I, capítulo VIII).

Sin embargo, en ocasiones la expresión parece esconder un eufemismo y, en esos casos, de metáfora musical femenina pasamos a metáfora de los órganos sexuales masculinos, con su uso en plural:

“¡Qué tío tu padre! […] Dile de mi parte que eso es tener los bemoles en su sitio natural”. (El eje del compás, Gregorio Salvador, 2002).

El cuadro Los tres músicos (1921), de Pablo Picasso, está expuesto en el museo MoMA de Nueva York. Bumble Dee/Shutterstock

Templar gaitas

Cuando nos vemos obligados a templar gaitas necesitamos actuar de un modo conciliador para evitar enfados o problemas.

La gaita es un instrumento de viento (propio de Escocia, Galicia y Asturias) formado por una bolsa de cuero donde se almacena aire, que sale por unos tubos produciendo el sonido. Por otra parte, una de las acepciones del verbo templar es “afinar un instrumento”. Y así es como actúa quien templa gaitas, pues habla aquí y allá, cede en esto y lo otro, para agradar, moderar y conciliar voluntades. Existe también la palabra templagaitas, definida como “la persona que actúa con cautela para que no se cree un conflicto”.

Ya leíamos de la pluma de Galdós en Fortunata y Jacinta:

“¡Ah!, este mundo es una gaita con muchos agujeros, y hay que templar, templar para que suene bien”.

En La Regenta de Clarín, ante la enfermedad de Ana, se señala que don Víctor Quintanar “no estaba él para templar gaitas: los nervios le eran antipáticos”.

Además, decimos déjate de gaitas para referirnos a algo estúpido o sin importancia. No me vengas con gaitas alude a un asunto molesto que es un incordio. Otras locuciones son estar de gaita o alegre, estar de mala gaita o con mal talante y ándese la gaita por el lugar, para dar a entender la indiferencia con la que se mira lo que no interesa.

Poner en solfa

Cuando queremos desacreditar algo o a alguien o ridiculizarlo, podemos decir que lo ponemos en solfa. Pero también se emplea para poner orden en algún asunto o hacer que funcione de manera organizada. Se trata de hacer algo con arte, regla y acierto.

Solfa es el sistema de signos que conforman las obras musicales, así como la técnica de escribir, leer y entonar dichos signos, que es el solfeo. En esta línea, cuando musicalizamos o ponemos en solfa cualquier texto, estamos destacando su contenido. Esto es precisamente lo que indica el poeta español del siglo XVIII Torres de Villarroel en Correo de otro mundo:

“Yo advertí que nadie leía los Pronósticos (…) y púselos en solfa, y he logrado que me lean”.

Galdós escribe en Tristana:

“Algunas noches se entretenían en poner en solfa a D. Lope, el cual, al verse en tan gran decadencia, desmintió los hábitos espléndidos de toda su vida, volviéndose algo roñoso”.

También escuchamos que algo está en solfa cuando está escrito o explicado de modo inteligible, tomar en solfa algo o a alguien cuando es objeto de bromas, tocar la solfa a alguien con el sentido de zurrarle o golpearle.

Sonar la flauta

Si a alguien le suena la flauta es porque ha tenido un golpe de suerte, ha acertado o ha conseguido algo por casualidad, sin haber actuado para lograr dicho éxito.

La expresión tiene su origen en la fábula El burro flautista (“Sin reglas del arte, el que en algo acierta, acierta por casualidad”) de Tomás de Iriarte:

Acercóse a olerla

el dicho animal,

y dio un resoplido

por casualidad.

En la flauta el aire

se hubo de colar,

y sonó la flauta

por casualidad.

A su vez, Iriarte se inspiró en la fábula El asno y la lira de Fedro, donde un borrico hizo sonar las cuerdas de una lira con su pezuña. Se trata de una escena presente en la iconografía románica de diferentes iglesias y catedrales.

Burro tocando la lira en un alto relieve de la Iglesia de Saint Pierre d'Aulnay en Francia. Wikimedia Commons, CC BY

En su uso coloquial, la expresión no tiene relación con la música. Sin embargo, podría llegar a emplearse de forma paradójica en un contexto musical:

El violín principal de la orquesta suele equivocarse en todos los ensayos, pero en el concierto de hoy le ha sonado la flauta, no ha desafinado ninguna nota.

Por otra parte, se trata de una expresión tan común que no es difícil leerla en los medios informativos. Así, el piloto de Moto GP Marc Márquez, al reconocer en cierta ocasión que había encontrado un mejor ritmo del esperado en una carrera, dijo: “Hemos arriesgado y ha sonado la flauta.

El año de la polca

Cuando indicamos que algo sucedió el año de la polca, queremos decir que fue hace tiempo, en una época remota.

La polca es una danza de origen bohemio y ritmo rápido, en compás de dos por cuatro. Se extendió por Europa y América durante el siglo XIX. Pero el tiempo avanza y las modas pasan, por lo que llegó un momento en el que la polca dejó de ser un baile actual. Así, empezó a emplearse la locución para designar algo antiguo y pasado de moda, que ya no estaba en boga.

Tritsch-Tratsch Polka de Johann Strauss.

Encontramos esta expresión en La Colmena de Camilo José Cela:

“El costurero, después del trajín de doña Visi, quedó abierto y, entre el algodón de zurcir y la caja de los botones –una caja de pastillas de la tos del año de la polca– asomaba tímidamente otra de las revistas de doña Visi”.

Otras variantes son el año de la nana, el año de la nanita, el año de la pera. Además, con el mismo sentido, decimos que algo es más viejo que la tos, más viejo que la Tarara o del tiempo de Maricastaña.

Coda final

Existen muchas más expresiones provenientes de la música que hemos investigado en nuestro proyecto. Como despedida de este artículo, podemos afirmar que hemos llevado la batuta al realizar este estudio sin perder el compás. No interesa que, entre pitos y flautas, sin ton ni son, se desconozca la historia de las expresiones que la música ha incorporado al lenguaje coloquial. Y llegados a este punto, nos marchamos con la música a otra parte.The Conversation

María Isabel de Vicente-Yagüe Jara, Profesora Titular de Didáctica de la Lengua y la Literatura, Universidad de Murcia y José Ibáñez Barrachina, Catedrático de Trompeta en el Conservatorio Superior de Música de Murcia y profesor asociado en la Facultad de Educación, Universidad de Murcia

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

lunes, 5 de agosto de 2024

Conciertos en las ciudades: ¿música o ruido?

 

Conciertos en las ciudades: ¿música o ruido?

Christian Bertrand/Shutterstock
Christian Antoñanzas, UNIR - Universidad Internacional de La Rioja y Juan González-Castelao Martínez-Peñuela, UNIR - Universidad Internacional de La Rioja

Según la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) y la Asociación de Promotores Musicales (APM), la música en directo en España batió un récord de recaudación en 2023. Se obtuvieron 578 millones de euros con más de 25 millones de espectadores en 95 472 conciertos.

Los músicos dependen cada vez más de las giras como principal fuente de ingresos. Esto ha incrementado la cantidad de conciertos. Por tanto, existe una mayor necesidad de encontrar grandes espacios para albergar a un gran número de espectadores.

Sin embargo, la mayoría de estos recintos no están adecuados acústicamente para tales eventos. La consecuencia es el aumento de las molestias y perjuicios a la salud de las personas por ruido ambiental.

Determinados sectores critican la falta de medidas efectivas de las administraciones para proteger los derechos de los vecinos frente a las actividades de ocio. Por otro lado, existen asociaciones musicales que consideran que es necesario excluir la música de la legislación sobre contaminación acústica. Por ello conviene analizar la relación entre el ruido y los grandes conciertos de música, sobre todo desde el punto de vista acústico.

Música vs. ruido

El ruido se define como un sonido desagradable o no deseado. La música, en cambio, se puede definir como el arte de combinar diferentes sonidos en un determinado orden para crear una sensación generalmente agradable en el oyente. ¿Dónde se sitúa entonces el límite que define si un sonido es agradable o desagradable?

Aunque música y ruido tienen de partida connotaciones diferentes, lo que para una persona es música puede ser considerada como ruido por otra. La dificultad está en llegar a un consenso entre el valor social de la música en directo y el bienestar de las personas. Para llegar a ese punto, primero es importante saber cómo percibimos el sonido.

Debido a las características de nuestro sistema auditivo, no escuchamos con el mismo volumen todas las frecuencias. A niveles bajos y medios de intensidad sonora, nuestro oído necesita aumentar la presencia de graves para percibir la misma sensación de volumen que las frecuencias medias.

Para corregir estas diferencias, en las mediciones de ruido ambiental se suele aplicar una corrección llamada “ponderación A”. Sin embargo, dar por sentado que un concierto de música genera niveles bajos o medios de intensidad sonora parece arriesgado.

Cientos de altavoces

En un concierto de música, el público suele estar expuesto a niveles de en torno a 100 decibelios de presión sonora (dBSPL) de media en todas las frecuencias, muchas veces con picos que superan los 125 dBSPL en baja frecuencia. Un gran recinto, como un estadio de fútbol, puede albergar hasta 65 000 espectadores.

Para cubrir una zona de audiencia tan amplia son necesarios sistemas de altavoces adicionales que aseguren una buena calidad de sonido para todo el público. Por ejemplo, en el concierto de Duki en el Santiago Bernabéu del pasado 8 de junio se utilizaron 84 altavoces para el sistema principal y 164 altavoces para el sistema adicional.

Estos sistemas necesitan una altura y una dirección adecuadas para llegar a las zonas donde no llega el sistema principal. Debido a esta ubicación y a que las bajas frecuencias se propagan en todas las direcciones, se siguen escuchando los graves a pesar de estar alejados cientos de metros.

Parece entonces factible asumir que un concierto de música en un gran recinto genera niveles altos de intensidad sonora, sobre todo a baja frecuencia.

Vídeo de preparación de un concierto del grupo Ramstein.

La acústica del recinto

Para aislar correctamente un recinto, conviene cerrarlo completamente de manera adecuada. Si un recinto no está bien cerrado, el sonido siempre va a encontrar un hueco por donde salir. Incluso cerrándolo, algunos ruidos saldrán o entrarán si las paredes, el suelo o el techo no están construidos con los materiales acústicos adecuados o con la rigidez suficiente.

El ruido de baja frecuencia puede escapar en forma de vibración por las estructuras del recinto. Por eso oímos cómo vibra la ventana del salón cuando el vecino de arriba conecta la lavadora. Tratar este tipo de ruidos es complicado y generalmente requiere una inversión importante.

Aunque la sociedad parece haber “aceptado” convivir con estas situaciones, conviene poner límites a tales exposiciones para minimizar su impacto. Por ello, existen normativas que indican cómo y cuándo medir estos ruidos así como sus niveles permitidos.

La legislación sobre ruido

Las normativas sobre ruido se establecieron para proteger la salud pública y el bienestar de las personas frente a la exposición al ruido y la contaminación acústica. Estas normas tienen en cuenta un tipo de ruido persistente durante todo el año, de baja o media intensidad que abarca un amplio rango de frecuencias, como pueden ser el ruido industrial o el ruido de tráfico. De ahí que los límites máximos de nivel de ruido propuestos en la normativa tengan en cuenta el nivel sonoro ponderado según la curva A.

Sin embargo, el ruido generado por un evento musical es diferente. En un concierto de música el tiempo de exposición al ruido es mucho menor, predominan los graves y el nivel de intensidad es elevado. En estos casos, a la hora de analizar el nivel captado en las zonas afectadas, en vez de la ponderación A parece más adecuado aplicar la ponderación C.

Esta curva se creó especialmente para modelar la respuesta del oído ante sonidos de alta intensidad, dando más importancia a la baja frecuencia.

Soluciones novedosas

Los eventos de música en directo pueden ser una potente fuente de ruido, sobre todo a bajas frecuencias. Por ello suelen ser necesarias soluciones complejas y costosas para reducir su efecto. Existen propuestas novedosas con resultados prometedores, como usar tubos hinchables o técnicas de control de campo sonoro.

  • Tubos hinchables: están compuestos por una fina membrana de plástico que se puede inflar o desinflar en función de la absorción necesaria. Se instalan en techo y paredes, así como detrás del escenario, para absorber las frecuencias graves.
Ejemplo de aplicación de los tubos absorbentes de baja frecuencia en el estadio de fútbol Ámsterdam Arena tanto detrás del escenario (derecha) como en el techo (izquierda). Niels W. Adelman-Larsen
  • Técnicas de control de campo sonoro: utilizan un sistema secundario de altavoces colocado detrás del público que emite una versión modificada del sonido del sistema principal para cancelar el sonido en las zonas deseadas. El objetivo es evitar que el sonido de baja frecuencia se propague a las zonas residenciales. De este modo es posible reducir el nivel de presión detrás del público hasta 18 dB.
Resultados de simulación de la distribución del nivel de presión sonora en el recinto de un festival y fuera de él. En la imagen de la derecha, se considera únicamente el sistema primario. Sin embargo, en la imagen izquierda, se tiene en cuenta tanto el sistema primario como el secundario. C. Frick, P. Nüesch

Sin embargo, muchas de estas técnicas aún están en fase de investigación. Lo que se recomienda es simular previamente el sistema de sonido para diseñar una configuración específica en cada recinto. Así, se consigue que el sonido se concentre en el público y no se escape al exterior.

Llegar a consensos

La gestión del ruido debido a conciertos de música en núcleos urbanos es un problema complejo. Hoy en día no existen soluciones definitivas que satisfagan a todas las partes y cada caso requiere un tratamiento específico, por lo que hay que intentar llegar a una solución de consenso.

Se ha demostrado que la comunicación y colaboración entre todas las partes (Administración pública, organizadores del evento, músicos, público y vecinos) es fundamental para intentar conseguir eventos de alta calidad sonora minimizando a la vez las molestias al vecindario.

Un ejemplo sería recurrir a campañas previas de información sobre aspectos como la fecha y horarios del concierto, el compromiso de ofrecer un evento seguro, la logística utilizada, el impacto positivo del concierto (económico y cultural), cómo se mide el ruido, cómo presentar una queja durante el concierto, etc. Parece ser que cuando creemos que tenemos cierto control el ruido nos resulta menos molesto.The Conversation

Christian Antoñanzas, Profesor de Acústica y Procesado de Audio., UNIR - Universidad Internacional de La Rioja y Juan González-Castelao Martínez-Peñuela, Profesor de Industrias Musicales y Musicología, UNIR - Universidad Internacional de La Rioja

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

¿Quién compuso el ‘Réquiem’ de Mozart?


‘Las últimas horas de Mozart’ de Henry Nelson O'Neil. Wikimedia Commons
Miguel Ángel Marín, Universidad de La Rioja

Ninguna obra canónica del arte occidental ha suscitado un problema tan crítico sobre su autoría como el famoso Réquiem, (parcialmente) compuesto por Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791).

El hecho de que su muerte fuera relativamente imprevista, con apenas treinta y cinco años, disparó una serie de fantasías que, alimentadas por la épica del Romanticismo, acabarían incrustadas en el imaginario de todos los oyentes. Tal ha sido el efecto del mito mozartiano que sus últimos coletazos todavía perduran en la actualidad en la oscarizada película Amadeus, dirigida por Miloš Forman hace cuatro décadas.

Pero el resultado más demoledor de la muerte temprana de Mozart fue la imposibilidad de concluir la misa de difuntos que le habían encargado pocos meses antes. De las catorce secciones que conforman el Réquiem, solo pudo culminar las dos primeras. Otras ocho quedaron en borrador y de las cuatro últimas no llegó a esbozar material alguno.

En este estado era imposible interpretar la obra, que parecía así irremediablemente condenada al olvido en un rincón del catálogo mozartiano, como embrión de lo que pudo haber llegado a ser.

Retomando la tarea

Retrato de Constanze Mozart, por Joseph Lange. Hunterian Museum and Art Gallery

Sólo el tesón de su viuda Constanze cambió el destino. Movida por el aliciente de cobrar el encargo y honrar la memoria de su marido, encomendó al compositor Franz Xaver Süssmayr, uno de sus discípulos, la tarea titánica de completar la obra del maestro.

Süssmayr fue el responsable de dos operaciones sustantivas que nunca llegaron a ser del todo reconocidas en el ámbito público de la interpretación. La primera fue completar las ocho secciones esbozadas (del Dies irae al Hostias) añadiendo nuevos materiales y orquestando el torso que había ideado Mozart.

Y la segunda, más complicada, fue componer al completo las tres secciones finales (Sanctus, Benedictus y Agnus Dei), para las que no había ningún borrador de partida. Para aliviar la magnitud del encargo, y con el fin de garantizar cierta coherencia, Süssmayr optó por reutilizar la música de las dos primeras secciones para la Lux aeterna final, simplemente sustituyendo un texto por otro. Sin su intervención, la obra probablemente nunca hubiera entrado en el repertorio canónico.

Completada la operación, el Réquiem pudo entonces recibir su estreno trece meses después, en enero de 1793. Con la publicación de la partitura en Leipzig en 1800, la obra se propagó rápidamente por todos los rincones de Europa, incluidas muchas ciudades españolas: desde centros capitales como Madrid, Barcelona, Sevilla y Zaragoza a poblaciones más modestas como Olot, Mondoñedo, Orihuela y Cervera.

La indefinición de la autoría

Pero quizá sin ser del todo consciente, con este proceso de difusión Constanze había dado pie a uno de los debates más agitados y controvertidos que nunca se han visto en la historia de la música: el de la verdadera autoría de la composición. ¿Qué partes de la obra que todos conocían eran realmente de Mozart y cuáles habían surgido de la pluma de Süssmayr?

Las polémicas entre musicólogos sobre este espinoso asunto se han sucedido en olas desde entonces. Pero ninguna ha evitado que se acabara estableciendo la práctica de atribuir el Réquiem en exclusiva a Mozart. Los carteles anunciadores, los programas de mano y las críticas de conciertos han obviado durante estos dos siglos la imprescindible participación de Süssmayr en la finalización de la obra.

Sección de una página del manuscrito del Réquiem de W.A. Mozart, K 626. (1791), que muestra el encabezamiento de Mozart para el primer movimiento.
Sección de una página del manuscrito del Réquiem de W.A. Mozart, K 626. (1791), que muestra el encabezamiento de Mozart para el primer movimiento. Austrian National Library

A partir de la década de 1970 empezaron a plantearse propuestas alternativas en el ámbito de la musicología. ¿No era posible, a partir de los autógrafos conservados, imaginar el Réquiem que Mozart hubiera podido componer de haber vivido algún tiempo más? A fin de cuentas, todos los expertos coincidían en que Süssmayr, con todo su mérito, era un compositor de oficio pero de talento modesto, que además había trabajado con la presión psicológica de someterse a la equiparación con un genio.

‘Recuperar’ un Réquiem inexistente

De modo que en las últimas décadas han surgido una veintena larga de versiones alternativas del inacabado Réquiem que modifican la versión “original” en grados muy diversos, en ocasiones incluso extremos. El avance en la investigación de las fuentes mozartianas y la continua actualización de los principios de la filología musical demandan nuevas ediciones que integren estos desarrollos.

Además, en la medida en que conocemos mejor los procedimientos compositivos de Mozart, las prácticas litúrgicas de su entorno y la técnica compositiva del propio Süssmayr, es posible evaluar con más precisión la edición de 1800 y proponer realizaciones mejor fundadas históricamente. La idea quimérica de reconstruir el Réquiem ha inspirado tácitamente muchos de estos intentos.

La conclusión inapelable que podemos extraer hoy de este complejo panorama es que esa empresa, la de completar el Réquiem mozartiano en su versión perfecta y definitiva, no es solo una operación difícil: es sencillamente imposible.

Existe una tensión irresoluble entre dos facciones. Por un lado, quienes abogan por una versión originada en el círculo vienés del compositor, que suene como tal y transmita la visión única e irrepetible de quienes vivieron en ese preciso lugar y momento (ideales que encarna la versión de Süssmayr). Por el otro, quienes sostienen que, precisamente gracias a la gran distancia estilística que nos separa de Mozart, ahora resulta mucho más fácil que entonces observar los detalles de su lenguaje y codificarlo de una manera más objetiva. Solo nos queda esperar a que la inteligencia artificial haga pronto su propia propuesta.

Si este dilema no tiene una solución definitiva, al menos podemos promover una aproximación más transparente a este complejo asunto: consignar siempre quién es el autor, junto a Mozart, de la versión que se esté interpretando o grabando.

El reconocimiento de esta autoría secundaria en nada eclipsa la grandeza mozartiana. Más bien, si acaso, la dignifica al recordarnos la grandeza de cómo un fragmento musical ha podido desplegar una de las composiciones más extraordinarias de la historia de la humanidad.The Conversation

Miguel Ángel Marín, Musicología, Universidad de La Rioja

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.