Este Blog trata sobre todo aquello que concierne a la música de un modo u otro: los artistas, las orquestas, las grabaciones, los reproductores, los instrumentos musicales, los aparatos de escucha, los Auditorios y Teatros, etc.
Soy un gran aficionado a la música, la cual esta presente a lo largo de mi día a día. Escucho todo tipo de música: clásica, ópera, canción ligera, rock, etc. Me gusta especialmente toda aquella canción que encierra un mensaje, o que cuenta una historia, un tipo de canción que cada día escasea mas. Recuerdo las músicas de los años 60 y 70, pues me gustan los "oldies", y entre estos recuerdo las canciones de algunos cantautores que echo de menos, pues han puesto su firma musical a toda una época de carencias.
Echo de menos a Cecilia, grande la la canción protesta, a Pablo Guerrero, autor de A Cántaros, como a muchos otros cantautores y grupos como Aquaviva y su "Cantaré", que utilizaban la ironía en sus letras para poner en evidencia a algunas de nuestras antiguas costumbres, y a algunos personajes de antes, hoy en el olvido. Estos cantautores convirtieron sus canciones en himnos de una época, himnos que movilizan, que hoy perduran, y que cuando se necesitan, afloran de nuevo.
Echo de menos al grupo Jarcha, que cantó a la libertad, algo que en aquel tiempo hacia falta cantar porque nos faltaba:
Libertad, libertad, sin ira libertad guardate tu miedo y tu ira. Porque hay libertad, sin ira, libertad. Y si no. la hay, sin duda la habrá.
Hoy estos versos son un himno que ha trascendido en el tiempo. Eran otras épocas en que nuestras sociedades, y no solo la española, estaban atribuladas, llenas de dolores y sufrimientos por la dictadura, por la falta de libertades, por la guerra de Vietnam, por la falta de oportunidades. De estas carencias dieron buena cuenta las letras de sus canciones.
Hoy en cambio ya casi no hay canción protesta, cuando hay muchas cosas de las que protestar, y la mayoría de las letras de las canciones no dicen nada. Escasea la música que hoy refleje lo que es nuestra sociedad, quizás porque el reflejo que se percibe no merece la pena cantarlo, quizás porque la sociedad es demasiado conformista y está contenta con lo que tiene.
En una entrevista concedida a El Salto en mayo de 2017, Billy Bragg, el mayor exponente de la canción protesta en Reino Unido en los últimos 40 años, lo dejaba claro: “Si buscas política en grupos de guitarras, estás buscando en el lugar equivocado”.
Hay alguna excepción, pero con poca o nula repercusión. Se puede citar a Manu Chao, quien en 1998 le dio una vuelta completa a lo que significa la canción protesta con su memorable primer disco en solitario, Clandestino.
Se puede citar a Camila, quien según n nos cuenta Jose Durán Rodríguez, "en 2014 publicó un disco que incluía la cláusula mantera, una licencia inventada por ella que permitía expresamente la venta de copias físicas del disco en la calle, en la manta. Una forma de canción protesta que no se manifestaba en la letra o el tono de la música, sino en la relación que establecía con el mundo al que acababa de llegar. Pero ese mundo lamentablemente, no prestó mucha atención y la cláusula mantera no obtuvo la repercusión que merecía esta propuesta que mezclaba música y política".
Se puede citar a Alicia Ramos y su disco LumpenPrekariat, que desde Carabanchel nos canta la canción "Eso es lo que esperan que hagamos".
Se puede citarcon especial énfasis a Helen Reddy, que escribió y grabó esta canción en 1972: I am a Woman, y que traducida del inglés, dice:
Soy mujer, escúchame rugir En números demasiado grandes para ignorar, Y sé demasiado como para volver a fingir, Porque lo he oído todo antes Y he estado ahí abajo en el suelo. Nadie me va a mantener abajo de nuevo. Oh, sí, soy sabía, Pero es una sabiduría nacida del dolor. Sí, he pagado el precio, Pero mira cuánto gané. Si tengo que hacerlo, puedo hacer cualquier cosa. Soy fuerte, soy invencible, soy mujer
Hoy esta letra es un himno a la igualdad de la mujer, e hizo mucho mas por el feminismo, que Irene Montero desde su Ministerio de Igual Da.
La sociedad le debe mucho a estos cantautores, pues ellos con sus canciones nos han mostrado el camino a seguir, camino que nos ha cambiado la vida
Temas hay hoy sobre los que los autores pueden escribir infinitas canciones: la contaminación, la desigualdad, las penurias de los migrantes, el hambre, las guerras, etc., pero es quizás no son "leit motiv" porque a la sociedad actual le importan mas otras cosas. Y es que el bienestar individual predomina sobre el bienestar social.
Escuchar a Cecilia es una invitación a mirar a aquella España suya y esta España nuestra, una invitación a descubrir qué y cómo hemos cambiado, una invitación al inconformismo, a seguir firmes en la lucha porque, como dirían sus admirados Simon and Garfunkel, “the fighter stills remains” (“el luchador todavía sigue”).
Y qué mejor manera de pelear que con su música, con sus letras que boxeaban (véase la portada de su primer disco) en el cuadrilátero de una dictadura que aplicaba una censura que cercenaba composiciones, mutilaba entonaciones y fulminaba cualquier forma de disidencia.
Portada del primer álbum de Cecilia, de 1972.Cecilianet
Con todo, supo burlar los golpes. Fuera del mainstream de la canción protesta, Cecilia, como en el marido de “Un ramito de violetas”, adoptó el uso del disimulo y de la ironía para poder ubicarse, mediante la impostada adopción de la ignorancia, en el papel de la melancólica, sentimental y engañada dama. Este es, en superficie, el lugar desde el que habla, es decir, el lugar sentimental propio y apropiado de la mujer de su tiempo.
Sin embargo, y he aquí el poder subversivo de su posición, Cecilia no es quien recibe sino quien escribe los versos, los mismos que nos invitan a la distorsión, a la salida de lo evidente, a transitar entre lo que se dice y lo que se silencia. Es por ello por lo que sus canciones, tanto en contenido como en forma, posibilitaron y posibilitan la creación de relatos, contar historias colectivas e individuales para construir y restaurar lugares y sentidos.
Veamos algunos ejemplos referidos a la construcción de la subjetividad femenina.
No una muñeca
Calvino afirmaba en Seis propuestas para el próximo milenio que la levedad hace posible una mirada sobre el mundo desde una lógica distinta, desde una disposición que nos haga detenernos en lo cotidiano para transformarlo y concederle originalidad y novedad. Qué mejor ejemplo para seguir el consejo del escritor italiano que centrarnos en un objeto que remite al mundo infantil connotado de inocencia y al que se supone apartado de lo político.
Leamos Flechas y Pelayos, una publicación ligada a las JONS y a la Sección Femenina cuyos propósitos se centraban en la configuración de una mujer alineada con los patrones del régimen franquista: ama de casa y madre.
Mari Pepa se convierte en un instrumento simbólico que colabora en la construcción de la identidad femenina, en una herramienta que modela y domestica a la mujer apartándola de lo público y de lo político. La muñeca es metáfora de pasividad, de un proceso que objetualiza a la mujer y la convierte en un sujeto no autónomo. Ni actúa, ni habla. Obedece y calla.
Pero no en Cecilia, donde la niña torna en una madurez que se revela en “Amor de medianoche” (1975):
Yo no quiero ser tu sombra en un rincón,
la muñeca que no tiene opinión.
Yo no soy la marioneta de cartón,
El juguete que baila en tu guiñol
Mujeres en libertad
Quizá sea “Dama, dama” uno de los grandes ejemplos de mujer que vuela en libertad. En ella, critica la hipocresía y los convencionalismos que sustentaban la doble moral sobre el adulterio. Puntual cumplidora del tercer mandamiento, aunque con algún desliz en el sexto (trasmutado por la intervención de la mano de la censura en inconexo), su Dama descentra los modos del goce sexual de la mujer dentro de la estructura matrimonial, trastoca el orden social y el corsé impuesto por la “alta cuna”, es Emma Bovary, es un “ser pensante y escribiente”.
Videoclip de la canción ‘Dama, dama’, de Cecilia.
La apuesta por una mujer liberada se complementa con las críticas al hogar y a la pareja como espacios opresivos tanto en la mencionada “Un ramito de violetas” como en “Nada de nada”.
En la primera, la casa, como el convento en “La primera comunión”, es un aparato para ejercer control mientras que, en la segunda, tras la ruptura de la relación la descripción de lo femenino se establece por la falta, la ausencia, la “mano sin dueño”; “la palabra vacía” o la “brisa sin aire”.
Otras letras que inciden en su crítica a las bondades de un matrimonio de acuerdo con las imposiciones sociales y los parámetros del ángel del hogar que llevan anexas la sumisión económica de la mujer las hallamos en “Al son del clarín”, donde desenmascara la hipocresía de los intereses lucrativos de las relaciones contractuales para ser aceptadas socialmente, o en “Equilibrista”, metáfora del periodo de transición entre madurez y adolescencia, de aquello que ella quiere ser y las expectativas familiares.
Por ello, la soltería se revela como un acto de rebelión: “Ahora os voy a cantar una canción que creo que todas las mujeres entendemos un poco porque mi madre está empeñada en casarme, no sé si algunas de vuestras madres también y entonces escribí una canción que se llama ‘Me quedaré soltera’. Me voy a quedar soltera”.
Cecilia es palabra y música guerrera y rebelde. Sus combates no son en blanco y negro. Sus luchas contra cualquier tipo de opresión, sus historias y sus preocupaciones, en muchos casos, siguen siendo las nuestras.