domingo, 27 de marzo de 2022

M de ‘Motomami’: tres ideas para entender (mejor) lo nuevo de Rosalía

Rosalía, en una imagen de promoción de Motomami. Rosalía / Twitter
Guillermo Sánchez Ungidos, Universidad de Oviedo y Laro del Río Castañeda, Universidad de Oviedo

Si ya es difícil hablar de música en general, todavía lo es más hablar de Motomami. Lo que para algunos es “cachondeo” y “ripios antiestéticos”, para otros resulta un ejercicio de experimentalismo digno del arte moderno. Hay quien halla virtuosismo y quien encuentra artificiosidad vacía. Evolución o traición a la esencia. Honestidad o marketing. Desenfado o ridículo. Vanguardia o populismo.

Por todo ello, traemos tres ideas que (esperamos) puedan ayudar no tanto a posicionarse en uno de esos dos polos como a entender mejor las propuestas performativas de Rosalía.

Fotograma del videoclip de ‘Candy’ que homenajea a Lost In Translation. Rosalía / YouTube

Es innegable el potencial de la música contemporánea para jugar con el realismo, los límites entre lo artístico y lo publicitario o las redes sociales. También parece evidente que Rosalía tiene algo; más allá de que, debajo de todos los focos mediáticos, todavía consiga trascender las fuerzas de la “normalidad” estética (“cuando el caballo entra a Troya, tú te confías y ardió, uh, no”).

Ahora solo nos queda aprender a disfrutar del incendio: “Yo soy la niña de fuego”, “y el fuego es bonito porque todo lo rompe”.

Motomami es un autorretrato

Así lo ha admitido en alguna entrevista la propia artista. Y, desde ese momento, Motomami no es coherente, no es homogéneo. Entendemos que tampoco Rosalía (ni nadie) lo es. Tampoco es “bonito” al completo, ni comprensible. Ni siquiera es solo música. Resulta necesario pensar a esta nueva Rrrosalía celebrity desde un espacio que fragmenta al sujeto. Su identidad es móvil, su yo está en construcción. Y cada tema del disco nos aporta algunas piezas de un puzle que no se acaba nunca. De hecho, toda la realidad circundante a la artista se vuelve un motivo estético: desde las uñas, como era evidente, hasta las stories, las declaraciones o las amistades públicas.

Motomami tampoco es una segunda parte, no es una continuación de El mal querer. Y así nos lo hace saber: “Una motomami destruye con gusto sus obras anteriores para dar paso a las obras siguientes” (el bicho que se devora a sí mismo, diría Ignatius Farray). Lo mismo que no sería lógico pedir unidad, no exigimos continuidad.

‘Yo soy muy mía, yo me transformo’. Rosalía y ‘Saoko’.

Es cierto que la ruptura que propone Rosalía nos obliga a tener presente sus anteriores trabajos. Pero eso no quiere decir que les deba nada. Así se abre el álbum: “Yo soy muy mía, yo me transformo”.

Por eso el símbolo de la mariposa es omnipresente, aunque no hay que pensar esta metamorfosis en términos simples: antes era A, ahora es B. Una motomami es diversa, compleja, contradictoria; una motomami tiene gustos irreconciliables. Tan pronto te canta por bulerías (“Bulerías”) o una balada (“Sakura”) como te baila una bachata (“La fama”) o un tema de esos que podrían catalogarse como urbanos (“Diablo”).

En una única canción acompaña una referencia a Winsin y Daddy Yankee con motivos jazzísticos (“Saoko”), justo en el momento en que este último se retira. O te agota una pista con una microenciclopedia autobiográfica (“a de alfa, altura, alien […] z de zarzamora, zapateao… o de zorra también”). No es cuestión de contenido o de estilo (“fuck el estilo”): todo vale, todo suma en la medida en que alimente la imagen –imposible– de Rosalía.

La portada de Motomami es una oda a las mariposas. Rosalía / Twitter

Motomami es un canto a Dios y al sexo, ¿en ese orden?

Con este renacimiento, Rosalía vuelve a dejar claro que su poética es todoterreno (“no basé mi carrera en tener hits / porque tengo la base”) y obliga a su público a revolverse en el asiento. Un buen ejemplo lo tenemos en el tratamiento de la religión y el sexo.

En realidad, se ha vuelto habitual en la música el uso de la fe como lugar de enunciación, tanto a nivel lyrico como a nivel performativo (símbolos, gestos, iconografía…). Ahora bien, Rosalía subvierte el orden divino sin necesidad de proclamarse “atea” (“Tú eres el que pimpeas / o te pimpean a ti. / Yo elegí mi lado desde el día en que nací”).

Después del viaje espiritual por la tradición sanjuaniana en Los Ángeles y la liturgia feminista de El mal querer, esto es, una vez profanada la religión y vaciada de todo contenido (“esto no es el mal querer, / es el mal desear”), Motomami viene a resignificar el cuerpo y a hacer partícipes a los espectadores de una energeia que interrumpe toda codificación: “Aquí el mejor artista es Dios”.

En “Hentai”, like a fucker, proclama el empoderamiento de la espiritualidad y el erotismo como fuentes del acto creativo, del placer. Acude al paroxismo (“yo la batí / hasta que se montó”) y a la desmitificación de todo canon (teológico o estético, con ese verso tan pasado de sílabas y terminado en “putas”: en el tema de más virtuosismo, el ripio enfatiza la humanidad de la diva y del orgasmo). Ubica así el orden sociosimbólico del sexo y la religión en lo intrascendente y cotidiano (“so so good”), y adopta una actitud en escena que define por completo al ser humano: su final feliz (“mmmh, hentai”).

‘Hentai’, de Rosalía.

Traduce así la pulsión sexual inmediata, pero no exige mayor peso que su evidencia. Abrasándonos en el exceso retórico y subliminal, únicos “gestos” narrativos de la imagen proyectada, como demuestran “Bizcochito” o “La combi Versace”, Rosalía pone el capitalismo, las emociones, el deseo y el consumo al servicio de los afectos para incluirnos en su transformación e invitarnos al disfrute puro.

Motomami es viral

En la música actual existe la tendencia de mostrar las leyes del márquetin para hacer de ellas arte. Rosalía va más allá: no solo las muestra, las modela.

Es por eso por lo que Motomami funciona como archivo viral al mismo tiempo que bebe de las estéticas virales. “Chicken Teriyaki” captura lo cute/kawaii en un baile de TikTok. “Diablo” juega con los agudos propios de los filtros de voces de Instagram. El primer concierto tras la publicación del álbum se retransmitió online y, como se avisaba en un mensaje al comienzo, la “pieza [fue] creada para ser visionada desde un dispositivo móvil”.

De alguna manera, Rosalía consigue representar por primera vez la realidad de una generación todavía sin apenas referentes en el mercado internacional, tomando platós tan significativos en el mundo del entretenimiento como el de Saturday Night Live.

El directo de TikTok de Rosalía adaptado a YouTube.

Quizá esto explique por qué tiene tanto fans como haters. Mientras que, digamos, Tangana recibe constantes loas por “atreverse” con todos los géneros, Rosi (“sin tarjeta”) aparece siempre al borde del precipicio: enamora a algunos, pero también se topa una y otra vez con un amplio rechazo. Sus canciones son casi demasiado modernas, remiten a una realidad que aún no sabemos si acabará pareciéndonos kitsch. Quizá porque están fundando un gusto inédito.

La que sabe, sabe

que si estoy en esto es para romper,

y si me rompo con esto,

pues me romperé.The Conversation

Guillermo Sánchez Ungidos, Investigador predoctoral en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, Universidad de Oviedo y Laro del Río Castañeda, Investigador predoctoral en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, Universidad de Oviedo

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

miércoles, 16 de marzo de 2022

Del Horror del ataque ruso, a la Gloria de la resistencia. Ucrania finalmente vencerá

Luisondome


 El himno de la Federación Rusa es una adaptación del himno de la Unión Soviética de entre 1944 y 1990, cuya música compuso originalmente Aleksandr Aleksándrov en 1938, cuya letra fue escrita por Sergéi Mijailkov en el año 2.000.

Una nueva adaptación de este himno de autor desconocido nace hoy con la finalidad de hacer mas creíble el carácter , sino del pueblo ruso, si al menos de sus dirigentes. La interpretación conmemora el 24 de febrero de 2022, que fue el día en que los ucranianos se despertaron a las 4 a.m. con el sonido de las sirenas que avisaban del ataque aéreo, seguido de las explosiones de numerosas bombas y cohetes que estallaban en numerosas ciudades y pueblos de Ucrania, y que todavía se pueden escuchar en toda Nación. Todos los días y todas las noches, a todas las horas, con sonidos ensordecedores de explosiones, bombas cayendo, disparos de armas automáticas,  el sonido de los tanques desplazándose y disparando, así como el llanto de personas, niños y mascotas que intentan escapar de la tragedia se escuchan a lo largo y a lo ancho del frente de batalla, este es el sonido que esta interpretación intenta describir.

Pero estos no son los sonidos de Ucrania. Estos son sonidos del agresor. Así suena la Rusia de Vladimir Putin que invadió Ucrania. Este es el himno de Rusia, la Rusia verdadera.

En 1.880, el compositor ruso Piotr Illitch Tchaikovski compuso la Obertura 1812 para conmemorar la victoria de la resistencia rusa frente a la Grande Armeé de Napoleón Bonaparte. La obertura se caracteriza por su final épico y apoteósico a base de cañonazos y con las campanas del Kremlin sonando para anunciar la retirada del ejército francés invasor. De aquella gloria ya nada le queda al ejército ruso, que ahora se dedica a masacrar a todo un pueblo que nada le hizo para merecer ese castigo. 

Para el futuro, al pueblo ruso solo le quedará la vergüenza de haber masacrado al Pueblo Ucraniano. El mundo no olvidará esta parte de la historia, y solo les quedará la reparación del daño causado, tal y como le paso a la Alemania de Hitler.


EL MUNDO ESTÁ CON EL PUEBLO DE UCRANIA

jueves, 23 de diciembre de 2021

¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!

 


QUIERO FELICITAROS A TODOS LAS FIESTAS Y DESEAROS LO MEJOR PARA EL AÑO ENTRANTE

QUE REINE LA SALUD, QUE LA MÚSICA NOS ACOMPAÑE TODO EL AÑO 

QUE LA FELICIDAD ENTRE EN VUESTRAS CASAS Y PERMANEZCA EN ELLAS 

QUE DISFRUTEIS DE SALUD Y BIENESTAR

FELIZ NAVIDAD 

LUIS Y ELSA


Merry Christmas

viernes, 17 de diciembre de 2021

Esteban Batallán vive su sueño de formar parte de la Orquesta Sinfónica de Chicago (CSO)

Luisondome

Esteban Batallán, Todd Rosenberg Photography

Como gallego, es para mi un orgullo, seguir y presumir de otro gallego que triunfa en el mundo. Pocos lo conocen, salvo los muy aficionados a la música que siguen a las grandes orquestas sinfónicas. Una de las mas grandes y prestigiosas del mundo es la Sinfónica de Chicago, reconocida por ser una de las orquestas mas potentes del globo, y la que tiene la mejor sección de metal del mundo. En esta sección, el instrumento rey es por supuesto la trompeta, y es en dicha orquesta donde toca como trompetista titular principal Esteban Batallán Cons, nacido en Barro, en la Provincia de Pontevedra.

Una de las mas prestigiosas cronistas del panorama musical clásico americano es Nancy Malitz, cuyas crónicas se ceden leer en los mas prestigiosos rotativos de los EEUU. Pues bien, el pasado 6 de Diciembre Nancy Malitz publicó en la Revista de la CSO Experience un artículo sobre el virtuoso trompetista Gallego en la que cuenta la historia de com Esteban llegó a realizar su sueño de poder un día tocar en la orquesta soñada por él, mientras destaca la calidad y la calidez y brillantez del intérprete.

Este es el artículo que Nancy Malitz:

Jóvenes o mayores, estudiantes o profesionales, casi todos los trompetistas tienen una historia que contar sobre la Orquesta Sinfónica de Chicago, tan famosa por su potente sonido de metales. En el backstage del Orchestra Hall, el célebre trompeta principal de la CSO, Esteban Batallán, comparte sus propios recuerdos sobre un encuentro accidental con una leyenda viviente en 2003.

El virtuoso español, que fue nombrado miembro del CSO en 2019 por el director musical Riccardo Muti, era en ese entonces un joven intérprete de la Orquesta de la Ciudad de Granada, desde la que soñaba con  tocar algún día en la CSO. Caminando por un pasillo del Symphony Center, Batallán miró hacia arriba, asombrado de ver nada menos que a Adolph Herseth, el entonces principal trompeta emérito del CSO, viniendo hacia él desde la otra dirección. Herseth dirigió una mirada discreta al estuche de la trompeta de Batallán y siguió su camino.

"Me quedé sin palabras", dijo Batallán, señalando que sus ídolos desde la infancia habían sido Herseth, el trompetista francés Maurice André y el instrumentista de jazz latino Arturo Sandoval. "Crecí decidiendo ser trompetista por ellos. Herseth fue el músico que más me influenció en el sonido. Que esté tocando en su orquesta ahora, ese sigue siendo un sueño con el que me despierto todos los días. "

En los años posteriores a 2003, Batallán iría ganando experiencia. Se convirtió en trompeta principal de la Filarmónica de Hong Kong, actuó con la CSO como intérprete invitado ocasional en el Orchestra Hall e incluso viajó con la CSO de gira antes de su nombramiento.

Ahora con 37 años, Batallán está afianzado como el líder de trompeta de la OSC, y ha estado ocupado organizando música para el concierto anual de CSO Brass, programado este año para el 15 de diciembre, con la ayuda de su colega de trompeta John Hagstrom. El popular concierto de metales, que presenta un contingente completo de trompetas, trompas, trombones, trombón bajo y tuba, se ha convertido en un elemento fijo de mediados de diciembre en el calendario de CSO.

El CSO Brass interpretará un arreglo de la Suite Sacrae de Batallán, de la música solemne de la liturgia rusa de compositores de finales del siglo XIX como Pavel Chesnokov, Aleksandr Sheremetev y Mikhail Shukh. “Estos no son los famosos compositores rusos como Rachmaninov y Tchaikovsky, pero los colores rusos son muy ricos y hay algunos efectos antifonales maravillosos, como Gabrieli, en él”, dijo Batallán. "Y Shukh, que adoraba a Shostakovich, creó algo así como una oración silenciosa".

También habrá brillo y ferocidad: Batallán tiene la intención de interpretar una deslumbrante pieza de la ópera de Mozart La flauta mágica, escrita originalmente para la tempestuosa Reina de la noche. Su aria de soprano de coloratura estratosféricamente alta “Der Hölle Rache” (La venganza del infierno) será transcrita para una trompeta piccolo alta. (Este arreglo fue uno de los bis favoritos del ídolo de Batallán, Maurice André).

Para la majestuosidad, los músicos de la OSC se adentrarán en "Júpiter, el portador de la alegría" de Los planetas de Holst. También se planea una gloriosa obra maestra romántica arreglada para conjunto de metales: el resonante final "Auferstehen" de la Sinfonía de Resurrección de Mahler. Y los músicos también tienen la intención de ofrecer algunas melodías contemporáneas.

“Amo la música de todo tipo”, dijo Batallán. Hace varios años, él mismo compuso "Nightfall" para flügelhorn, inspirado en la famosa canción de Sandoval "To Diz With Love" y dedicado a Herseth. Ahora Sandoval ha respondido con una pieza propia para flügelhorn llamada “Mr. Batallán". Él y Batallán lo leyeron juntos recientemente en la casa de Sandoval.

El instrumento de Batallán es uno que usó el propio Herseth, y es parte de un conjunto combinado de trompetas Vincent Bach C de gran calibre que Fritz Reiner, entonces director musical de CSO, arregló para que la orquesta las adquiriera en 1955. “Escogieron lo mejor del lote. ”, Dijo Batallán. Él toca uno, y también Hagstrom.

En el camino, los metales de CSO adquirieron una reputación por su sonoridad brillante y emocionante por excelencia con un ataque frontal preciso y una rica resonancia que la gente ha llegado a llamar "Chicago Brass" o "Chicago Sound".

Batallán se deleita con ello: “El hecho de que esté hoy en esta orquesta, sigue siendo un sueño”.

Sobre la autora del artículo:

Nancy Malitz, es crítica musical fundadora de USA Today, desarrolló Classical Voice North America para la Asociación de Críticos de Música de América del Norte y fundó el sitio web de teatro y arte Chicago On the Aisle. Ha escrito sobre música para el New York Times, el Washington Post y muchas otras publicaciones.

El artículo original se puede leer en inglés en Experience CSO

domingo, 31 de octubre de 2021

La zarzuela, un género muy vivo

Montaje de ‘Luisa Fernanda’ en el Teatro de la Zarzuela. Javier del Real/Teatro de la Zarzuela
María Encina Cortizo Rodríguez, Universidad de Oviedo

Sin duda, la zarzuela es hoy una gran desconocida. En España –no así en la América Hispana– apenas contamos con dos temporadas que lo cultivan de forma monográfica: la del Teatro de la Zarzuela de Madrid, coliseo, por cierto, construido por los compositores de zarzuela en 1856, y la del Teatro Campoamor de Oviedo.

La escasa oferta va relegando poco a poco el género al olvido, privando así a las nuevas generaciones de la posibilidad de conocer el espectáculo de consumo por excelencia de la España contemporánea, que contiene músicas diversas, divertidas, chispeantes, modernas y de gran calidad.

Cartel de Dona Francisquita, estrenada en 1923, con libreto de Federico Romero Sarachaga y Guillermo Fernández-Shaw Iturralde. Wikimedia Commons

Una de las características más representativas de la zarzuela es su inmensa capacidad de adaptación, hecho que le ha permitido mantenerse como género «vivo» durante más de tres siglos, desde su nacimiento en el Siglo de Oro. Nuevos estilos y nuevas músicas eran pronto adoptadas como propias por un género que ha funcionado como un inmenso repositorio que ha dado cabida casi a cualquier fórmula de teatro musical en castellano que combine escenas declamadas y números musicales.

Títulos tan diversos como Los celos hacen estrellas (1672), Acis y Galatea (1708), Las labradoras de Murcia (1769), Jugar con fuego (1851), La Gran Vía (1886), La verbena de La Paloma (1894), La corte de Faraón (1910), Luisa Fernanda (1932) o El canastillo de fresas (1951) revelan la inmensa versatilidad de este género de teatro musical que nace en el seno de los espectáculos operísticos, pero que ha ido metamorfoseándose de mil y una maneras en sus más de trescientos años de vida.

Un género hispanoamericano

La zarzuela fue, además, un género casi global en un mundo que todavía no lo era. Los títulos que se estrenaban en España se difundían con celeridad por la América Hispana, que considera la zarzuela como propia, llegando a servir de modelo también para el desarrollo de subtipos americanos como la zarzuela cubana o mexicana.

Portada de La verbena de la Paloma. BNE, CC BY

El vínculo cultural con España era tan grande que, incluso en los años siguientes a los procesos de independencia, los distintos países hispanoamericanos continuaron consumiendo zarzuela española con fruición: fue entonces la cultura común la que logró trascender a las circunstancias político-coloniales.

Públicos de Madrid, Barcelona, Cádiz, La Habana, Puerto Rico o Manila eran capaces de reconocer, disfrutar y tararear la habanera de La verbena de La Paloma, el vals del Caballero de Gracia de La Gran Vía o las seguidillas de Paloma de El barberillo de Lavapiés (1874): era «su» música de consumo además del hecho cultural que les mantenía interconectados.

No sólo las melodías acompañaban el devenir diario, también las fórmulas chistosas y los ripios de los libretos –«Te espero en Eslava tomando café»– pasaban al idioma, e incluso se recurría a la zarzuela para dar nombre a cosas diversas. Por sólo citar dos ejemplos, la terrible gripe de 1918 o gripe «española» pasó a ser conocida como el «soldado de Nápoles», pues era tan «contagiosa» como el fragmento musical homónimo de La canción del olvido (1910), y las botas de agua acabaron siendo «katiuskas» por ser parecidas a las de media caña que calzaban las coristas que estrenaron dicha zarzuela de Sorozábal en Barcelona en 1931.

Nati Mistral nos canta quién la esperaba en Eslava tomando café.

Música popular

Además, la zarzuela es uno de los ejemplos de la historia de la música que, tras nacer como género culto de autor, es asumido por el pueblo que le da origen, deviniendo en cultura popular. De hecho, algunos de sus fragmentos –como, por ejemplo, el tango-habanera «Pobre chica, la que tiene que servir…» de La Gran Vía o la mazurka de las sombrillas de Luisa Fernanda– han devenido en músicas populares: tan definitorios del ser musical español como lo puedan ser un fandango o una muñeira.

Desde la Revolución de 1868, el género disfrutó de un consumo masivo y voraz en España e Hispanoamérica, formando parte de un sistema teatral que demandaba novedades de continuo, desarrollando un nuevo concepto de ocio, posteriormente asumido por el cine.

La ‘mazurca de las sombrillas’ de Luisa Fernanda.

Las zarzuelas no sólo se escuchaban en los teatros, sino que sonaban también en los pianos y pianolas domésticos, en los sextetos de los cafés y las salas de baile, en las miles de bandas que tocaban en los kioscos de música, en las murgas y en los organillos callejeros. De hecho, podríamos decir que fue el primer género de música popular urbana de España y el resto de países hispanos, una música contemporánea que incorporaba todas las novedades sociales y musicales, y cuyos éxitos pronto pasaban a formar parte del paisaje sonoro de pueblos y ciudades.

Historia de España contemporánea

Portada de la partitura vocal de La Gran Vía. BNE, CC BY

En este sentido, no hay forma más divertida de conocer la evolución social de la España contemporánea que aproximándose a la zarzuela, pues en su último siglo de vida (1850-1950) se hace eco de los inmensos cambios que vive el país. Así, el repertorio recoge la relevancia de las novedades técnicas, desde la llegada del ferrocarril –equiparable a la llegada hoy de la alta velocidad–, al gas, la luz eléctrica, el ascensor o el automóvil, el fonógrafo, la fotografía –el mismo Chueca incorpora diversos «fotógrafos» como personajes en sus sainetes–, el «Skating-ring» o el cinematógrafo.

Los textos incorporan personajes famosos –políticos, toreros, cupletistas…– y están trufados de críticas vivísimas a la política y la sociedad contemporáneas. Esa capacidad de reflejar la realidad y su carácter noticioso le da al repertorio una atractiva frescura capaz de otorgar a las nuevas generaciones una inmersión en el pasado de forma directa, divertida e instantánea.

Su poder evocador se multiplica gracias a la música. Las partituras de zarzuela no sólo incluyen músicas de tradición oral española como la jota, el fandango, la alborada, las seguidillas o la habanera, sino que también introducen los ritmos modernos, desde las danzas urbanas de salón –vals, mazurka, polonesa, polka, etc.– hasta los ritmos americanos –machicha, danzón, tango, cakewalk, fox, fox-trot, shymmy…–.

Producción de El barberillo de Lavapiés del Teatro de la Zarzuela, una obra con mucha crítica política.

Era la «lista de reproducción» de hombres y mujeres de la segunda mitad del siglo XIX y primera mitad del XX, que se veían reflejados en aquellas historias sentimentales, abordadas con mirada amable y divertida, reflejo veraz de un país en continua evolución hacia la modernidad.

En la actualidad

La zarzuela como género vivo dejó de componerse de forma masiva en los años cincuenta del siglo XX. Otras músicas populares urbanas y sus medios de difusión llegaron con fuerza y ocuparon su lugar en las preferencias de los públicos más jóvenes. De hecho, encontrar desde entonces un compositor llamado a escribir zarzuelas es toda una rareza. Y las escasísimas obras que se definen como tales –Los vagabundos (1977) y Fuenteovejuna (1981), de Moreno Buendía, o Maharajá (2017), de Guillermo Martínez– ante el análisis, evidencian su naturaleza de comedias musicales.

Desde 2018 esperamos que se materialice el estreno de Policías y ladrones, zarzuela encargada por el Teatro de la Zarzuela de Madrid a Tomás Marco, que la huelga de empleados del coliseo en 2018 y la covid-19 en 2020 impidieron.

Producción de Los Gavilanes, una de las últimas zarzuelas programadas en el Teatro de la Zarzuela. Teatro de la Zarzuela

Sin embargo, considero que el futuro del género no está tanto en la escritura de partituras nuevas como en lograr su (re)descubrimiento por las nuevas generaciones. La musicología universitaria ha avanzado mucho en la edición de partituras y los estudios académicos sobre la zarzuela y sus autores, pero sigue siendo necesario conectar con el público joven, y eso sólo lo puede lograr la magia del teatro.

El tiempo nos dirá si proyectos como Zarza, “zarzuela hecha por jóvenes y para jóvenes”, consiguen su objetivo. Yo soy plenamente feliz cuando uno de mis alumnos universitarios, tras estudiar y escuchar las partituras de Chueca, Barbieri, Gaztambide o Literes, se maravilla por su belleza y calidad y los incorpora a su «lista de reproducción» personal. Ese descubrimiento y los que vengan después le habrán ganado ya para siempre para la causa de la cultura.The Conversation

María Encina Cortizo Rodríguez, Catedrática de Universidad, Musicología, Universidad de Oviedo

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

domingo, 24 de octubre de 2021

La bachata: de Dominicana a Tangana y Nathy Peluso

Imagen del videoclip Ateo, de C. Tangana y Nathy Peluso. Vebo / SonyMusic
Ioshinobu Navarro Sanler, Universidad Rey Juan Carlos

“La bachata es el canto más sincero y honesto, nacido del pueblo, sin aderezos, sin esconder las cosas que no están bien hechas, porque en el folclor no hay nada incoherente, no hay nada malo, es espontánea, simplemente es. No es buena ni mala, es hermosa, el canto de mi pueblo”.

Casanova, 2008.

La rica tradición cultural de las islas del Caribe ha dado a la cultura mundial numerosas manifestaciones que nos dejan ver cómo, dentro de sus propias raíces y en la formación de la nueva cultura surgida a partir de las tradiciones españolas y africanas, generan una identidad rica en manifestaciones artísticas. Si bien éstas surgen en la marginalidad de los estratos mas desfavorecidos de la sociedad, luego logran encumbrarse como un bien cultural de la humanidad.

En la actualidad, la bachata, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2019, es uno de los géneros musicales y bailables en auge. Surgido en Republica Dominicana como una manifestación popular, se ha convertido en uno de los ritmos de moda en Europa y ha producido, en el mercado musical, ganancias millonarias tanto a productores como artistas del género. Un ejemplo reciente es el éxito que ha tenido “Ateo”, la canción de C. Tangana y Nathy Peluso.

                         
                                                                  Videoclip de Ateo.

Orígenes del género

La bachata, como su nombre indica, se refiere a cualquier tipo de celebración, fiesta o reunión donde el centro es la música popular, tocada en vivo, no necesariamente por músicos profesionales, de manera espontánea. En este entorno, la mezcla de ritmos y estilos (bolero, son cubano, guaracha o merengue) dio como resultado el nacimiento de la bachata, que en un primer momento se convirtió en la imagen sonora de la clase más popular de la sociedad dominicana y que engloba lo musical y lo danzado.

En sus inicios fue una forma especial de expresión, principalmente, del amor, hecha por personas con conocimientos básicos de música y literatura que, por sus propias condiciones sociales y culturales, creaban una obra de gran sencillez pero de un gran valor antropológico y cultural.

La bachata además no solo se centra en el aspecto dramático y amoroso, sino también en otros aspectos de la vida cotidiana, en forma de la llamada canción de amargue. A través de ellas se establecen contactos con gente del pueblo llano. También son utilizadas como forma de orientación, mensajería o para enviar saludos a la familia.

Vulgar y marginal

Tenemos que contextualizar que este nuevo estilo surge en los inicios del siglo XX, localizándose en los barrios pobres, los burdeles y en los bateyes agrarios. Esta bachata que se gesta en los sectores más excluidos de la sociedad dominicana, tanto a nivel musical como en su representación danzaria, no fue aceptada ni bien vista por otros sectores sociales, siendo catalogada como vulgar y carente de cualquier valor.

                                        Merengue, de Jaime Colson. Museo del Barrio

Durante el estado dictatorial de Rafael Trujillo, que mantuvo una política de conservadurismo radical, la bachata se reprime, relegándose a los estratos más desfavorecidos y excluidos de la sociedad, mientras que desde el propio gobierno del dictador el merengue se impulsa como baile de simbología nacional. Pero la bachata continúa vigente para los estratos segregados, no solo como entretenimiento sino también como vía de escape de los problemas cotidianos, como una abstracción de la realidad económica, política y social del momento.

El antropólogo dominicano Zecca Castel define así el momento en el que se escucha la bachata:

“… funciona como una suerte de mecanismo de salida de la realidad, pues cuando se está escuchando bachata «el pensamiento no es libre para reflexionar sobre los problemas»… Estas personas ven su propia vida reflejada en las letras de las bachatas, hablan de nosotros, de la gente pobre, negra, afrodescendiente. De historias que nos pueden pasar”.

En esta alusión a las letras de las bachatas encontramos la relación con su ascendente, el bolero, que nos habla de las relaciones humanas a través de la configuración de la historia que se narra y relata. Igualmente la bachata habla de sentimientos, del desamor, de la ruptura y el dolor del abandono, de la amargura. También se distingue la elevación del ser amado a través de metáforas idílicas con una estructura menos poética que el bolero, pero igualmente clara.

Podemos constatar que el primer sencillo que se graba de este estilo, siendo un paso cualitativo en su desarrollo, se realiza en 1961 con “Borracho de amor”, seguido por “Qué será de mí”, también conocido como “Mi condena”, del músico José Manuel Calderón.

 Acto bachatero en el Instituto Cervantes de Tokio. Instituto Cervantes de Tokio, CCBY-SA

En los aspectos musicales de la bachata encontramos varias curiosidades. Éstas nos dan la pista de esa mezcla de ritmos y estilos musicales que la anteceden. Por ejemplo, la sustitución de las maracas, instrumento de percusión presente en el bolero, por la güira; o la inclusión, además de la guitarra española, del bongó, otro instrumento de percusión muy habitual en la música de acompañamiento de muchas de las danzas surgidas a partir del sincretismo cultural existente en las islas del Caribe, como la rumba o el son cubano.

En un primer momento, el ritmo bachatero no era el que podemos escuchar hoy, sino que se asemejaba mucho más a un bolero. Por eso se le conoció como bolero de guitarra.

Trayectoria

Importante para la preservación de este estilo sin duda fue, durante las décadas de los 60 a los 80, la radiodifusión en los medios de comunicación rurales. Durante este período, músicos como Ramón Torres, Olivo Acosta, Bernardo Ortiz, Inocencio Cruz, Aridia Ventura, Miguelito Cuevas, Tony Santos y Marino Pérez tomaron la bachata como el medio musical para contar la realidad de su tiempo de una manera llana y sencilla, asimilable para el sector al que estaba destinada.

Pero sin duda la internacionalización de la bachata se produce cuando, en 1993, Juan Luis Guerra estrena su “Bachata Rosa”, convirtiendo el género en uno de los más aceptados por la sociedad dominicana e internacional.

                   
                                            La ‘Bachata Rosa’ de Juan Luis Guerra.

Guerra revolucionó la bachata, configurándola como la conocemos hoy en día. A partir de este momento, muchos músicos dominicanos se sumaron al gusto que se ha desarrollado por este estilo, incluyendo agrupaciones y cantantes conocidos como el grupo Aventura o su exvocalista, Romeo Santos.

Bailar bachata

En el aspecto danzario, para entender la bachata tenemos que partir de su origen humilde, en el que las connotaciones sensuales que vemos hoy ya estaban incluidas.

                      
                                            Baile en un colmado de Santo Domingo.

El baile comienza con un paso básico en el lugar, al que siguen movimientos laterales con este mismo paso básico. Luego, manteniendo el ritmo y la dinámica, se realizan evoluciones en las que se incluyen giros y otro tipo de desplazamientos.

Esta descripción de la danza nace de su forma original, en la que se bailaba como el bolero, por parejas y prácticamente en el lugar. En este sencillo paso encontramos la manera de convertir el sentido musical en movimiento, y una forma de entender la música y el concepto de ritmo muy similar a otros estilos de danza caribeños y latinoamericanos.

Ya con la evolución musical, también el paso danzado cambia hacia un doble paso, la inclusión de un toqué ejecutado con los pies y el movimiento marcado de las caderas, elemento que hoy es característico en la forma de bailarlo.

En la actualidad, y con la difusión que el estilo musical ha tenido internacionalmente, la danza ha proliferado en diferentes modalidades o estilos, que abarcan la bachata romántica, bachata sensual, el bachatango, la bachata moderna –la más conocida en la actualidad y en la que incluso vemos evoluciones acrobáticas en el manejo de la pareja– y la urban bachata, mezcla de estos dos estilos urbanos que comparten inicios de desprecio y degradación, llegando a convertirse en elementos indiscutibles de la identidad cultural que hoy son aceptados con completa naturalidad.

                     
                      Ataca y La Alemana, dos populares bailarines de bachata moderna.

El desarrollo de todos estos estilos y evoluciones nos da la medida de cómo la bachata, un género denostado en sus inicios, hoy puede gozar de la preferencia de muchos sin ser visto de manera despectiva.

En muchos lugares del mundo, las academias de baile incorporan la enseñanza de la bachata, que se ha convertido, junto al tango, el son y la salsa, en un exponente más de la cultura latina, forjada a partir de las raíces sincréticas que son el cimiento de la cultura iberoamericana, que sigue emergiendo, para ser conocida por todo el mundo, gracias a la globalización cultural.The Conversation

Ioshinobu Navarro Sanler, Docente Investigador Artes y Humanidades Instituto Universitario de la Danza Alicia Alonso, Universidad Rey Juan Carlos

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

jueves, 7 de octubre de 2021

Rigoberta Bandini: Nuevas formas de mística

Rigoberta Bandini durante una actuación el 24 de septiembre 2021 en el Patio Central de Conde Duque (Madrid). Conde Duque madrid / Lukasz
Elena Galea Pozo, Universidad de Córdoba

En medio de tiempos de crisis aflora la necesidad de retomar o encontrar la espiritualidad. Aunque hoy en día adquiere otras características y otros objetivos distintos de los preestablecidos tradicionalmente, una de las formas de hacerlo es a través del ejercicio místico. Las manifestaciones místicas de nuestro tiempo aparecen tanto en la literatura, en el cine o en la música.

              Rigoberta Bandini anunciada en Times Square. Rigoberta Bandini/Twitter

Rigoberta Bandini, el proyecto musical de la artista multidisciplinar Paula Ribó (Barcelona, 1990), irrumpe en 2020 y es catalogado por la crítica como “electrónica espiritual” o synth-pop costumbrista. Además de estas etiquetas, sus canciones tienen elementos poéticos y líricos así como un contenido que se dirige hacia la reflexión e incluso la espiritualidad mística.

El concepto que generalmente entendemos como mística cada vez es más amplio y dista mucho de su significado original, relacionado con la caridad, la misericordia, la búsqueda del amor de Dios y el conocimiento de las verdades de la fe, ligado a la misma mística así como las experiencias místicas dentro de contextos religiosos. Sin embargo, todo lenguaje místico expresa una relación especial entre el humano y Dios. El concepto de Dios lo tomará el místico de su credo religioso particular (o de la filosofía que profese).

Hacia el pop místico

En la mayoría de las canciones de Bandini pueden apreciarse las características comunes de textos místicos de diferentes religiones y movimientos, como el sentimiento de realidad de lo divino, la pasividad, la inefabilidad, la preparación ascética o la paradoja, elemento por excelencia de las composiciones místicas.

En las letras de sus canciones aparecen recursos retóricos y palabras que no tienen cabida en el imaginario místico tradicional: préstamos, extranjerismos, eufemismos hacia referentes culturales contemporáneos, palabras y expresiones en boga o de la jerga juvenil, y elementos de la cultura pop como un Magnum almendrado, Mónica Naranjo o Virginie Despentes.

Pero también aparecen indicadores textuales de manifestaciones de experiencias místicas, normalmente relacionados con el éxtasis (“Directamente desde Colombia todo tu espíritu moviéndose al ritmo de la cumbia”), la pneumatología, la suspensión del sentido del lenguaje (“Brrrapapa”), simbología del fuego (“Porque este trono se incendió y yo aspiro llamas”), sentimiento oceánico, conciencia cósmica (“sideral”, “semiastral”).

La conocida canción In Spain we call it soledad está escrita en su mayoría en inglés excepto cuando se nombran los sentimientos (en español), en lugar de la vaga definición que se nos ofrece a través de descripciones, metáforas y símiles, acercándose al sentimiento de la inefabilidad (“And now I’m on a plane to New York/ And I don’t know how do they name those feelings”; en su traducción: “Y ahora estoy en un avión hacia Nueva York / Y no sé cómo llaman a esos sentimientos”).

        Videoclip de ‘In Spain we call it soledad’.

Algunas de las canciones recogen las ideas de la espiritualidad de la autora, incluso imitan la estructura y la progresión de una oración, por ejemplo Que Cristo baje, donde nos introduce en su universo habitado por conceptos resignificados y elementos de la cultura pop (“Quiero que Cristo baje a enseñarme a rezar/ Pillarnos juntos un billete a las Bahamas”).

Too many drugs, probablemente el tema más conocido de la cantante catalana, describe un viaje en búsqueda de espíritu. Versos que se comunican con imágenes del imaginario religioso (“Ven con tu espíritu”) y místico, por ejemplo, las moradas o castillo interior del alma de Santa Teresa (“Que dentro yo tengo un palacio real/ Lleno de cuartos donde patinar”).

Las experiencias místicas son popularmente conocidas por sus efectos, ya sean principales (éxtasis, unión) o secundarios, como la suspensión sensorial, la clarividencia o el automatismo verbal. Son efectos que también se vinculan con la música electrónica, ligada estrechamente a la cultura de las drogas. Es más, los efectos en los oyentes tanto de esta música como de la droga son similares, razón que justifica en cierto modo la explicación lógica del uso en estas composiciones del lenguaje religioso.

Mística en la era de la información

El uso de plataformas digitales para la distribución y consumo de música ha sido crucial para Rigoberta Bandini. Ribó afirma que compuso estas canciones durante el confinamiento y la pandemia actual de covid-19, lo que ha limitado la presentación y ha cambiado la forma de consumo de sus canciones. Las imágenes místicas de nuestra época hiperconectada ofrecen desde fotografías, collages y vídeos hasta emoticonos, como vemos en el videoclip de Too many drugs, que Paula Ribó monta con la grabación de la pantalla de su iPhone, mientras escribe la letra en la app de Notas y finalmente abre su galería de imágenes enseñándonos vídeos donde aparece en su casa en bata.

Videoclip de ‘Too many drugs’.

Probablemente el objetivo de las composiciones de Bandini no comparte el fin último de la mística de la unión con Dios o el Uno, ya que en ningún momento la autora trata de aleccionar o dar consejos y, sobre todo, no existe una conversación tal con Dios como lo hicieran los místicos. No obstante, en sus canciones sí que aparecen elementos característicos de textos vinculados a diferentes doctrinas místicas; su obra recibe una clara herencia estética de la mística.

La expresión de la cotidianeidad y la atención a las cosas mundanas comunican la música de Rigoberta Bandini con obras como la de la mística castellana Santa Teresa de Ávila. Sus canciones se dirigen hacia el deseo y la empatía, la ansiedad y las dudas existenciales. La situación actual ha limitado la presentación de proyectos que carecen de sentido si no se comparten, pero hemos encontrado la manera de comunicar estos sentimientos a través de los recursos al alcance de nuestra mano. La distancia, en lugar de alejar al artista del público, lo ha acercado a través del uso de experiencias personales y elementos cotidianos.The Conversation

Elena Galea Pozo, Doctoranda en Programa de Doctorado en Lenguas y Culturas de la Universidad de Córdoba, Universidad de Córdoba

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.