domingo, 31 de octubre de 2021

La zarzuela, un género muy vivo

Montaje de ‘Luisa Fernanda’ en el Teatro de la Zarzuela. Javier del Real/Teatro de la Zarzuela
María Encina Cortizo Rodríguez, Universidad de Oviedo

Sin duda, la zarzuela es hoy una gran desconocida. En España –no así en la América Hispana– apenas contamos con dos temporadas que lo cultivan de forma monográfica: la del Teatro de la Zarzuela de Madrid, coliseo, por cierto, construido por los compositores de zarzuela en 1856, y la del Teatro Campoamor de Oviedo.

La escasa oferta va relegando poco a poco el género al olvido, privando así a las nuevas generaciones de la posibilidad de conocer el espectáculo de consumo por excelencia de la España contemporánea, que contiene músicas diversas, divertidas, chispeantes, modernas y de gran calidad.

Cartel de Dona Francisquita, estrenada en 1923, con libreto de Federico Romero Sarachaga y Guillermo Fernández-Shaw Iturralde. Wikimedia Commons

Una de las características más representativas de la zarzuela es su inmensa capacidad de adaptación, hecho que le ha permitido mantenerse como género «vivo» durante más de tres siglos, desde su nacimiento en el Siglo de Oro. Nuevos estilos y nuevas músicas eran pronto adoptadas como propias por un género que ha funcionado como un inmenso repositorio que ha dado cabida casi a cualquier fórmula de teatro musical en castellano que combine escenas declamadas y números musicales.

Títulos tan diversos como Los celos hacen estrellas (1672), Acis y Galatea (1708), Las labradoras de Murcia (1769), Jugar con fuego (1851), La Gran Vía (1886), La verbena de La Paloma (1894), La corte de Faraón (1910), Luisa Fernanda (1932) o El canastillo de fresas (1951) revelan la inmensa versatilidad de este género de teatro musical que nace en el seno de los espectáculos operísticos, pero que ha ido metamorfoseándose de mil y una maneras en sus más de trescientos años de vida.

Un género hispanoamericano

La zarzuela fue, además, un género casi global en un mundo que todavía no lo era. Los títulos que se estrenaban en España se difundían con celeridad por la América Hispana, que considera la zarzuela como propia, llegando a servir de modelo también para el desarrollo de subtipos americanos como la zarzuela cubana o mexicana.

Portada de La verbena de la Paloma. BNE, CC BY

El vínculo cultural con España era tan grande que, incluso en los años siguientes a los procesos de independencia, los distintos países hispanoamericanos continuaron consumiendo zarzuela española con fruición: fue entonces la cultura común la que logró trascender a las circunstancias político-coloniales.

Públicos de Madrid, Barcelona, Cádiz, La Habana, Puerto Rico o Manila eran capaces de reconocer, disfrutar y tararear la habanera de La verbena de La Paloma, el vals del Caballero de Gracia de La Gran Vía o las seguidillas de Paloma de El barberillo de Lavapiés (1874): era «su» música de consumo además del hecho cultural que les mantenía interconectados.

No sólo las melodías acompañaban el devenir diario, también las fórmulas chistosas y los ripios de los libretos –«Te espero en Eslava tomando café»– pasaban al idioma, e incluso se recurría a la zarzuela para dar nombre a cosas diversas. Por sólo citar dos ejemplos, la terrible gripe de 1918 o gripe «española» pasó a ser conocida como el «soldado de Nápoles», pues era tan «contagiosa» como el fragmento musical homónimo de La canción del olvido (1910), y las botas de agua acabaron siendo «katiuskas» por ser parecidas a las de media caña que calzaban las coristas que estrenaron dicha zarzuela de Sorozábal en Barcelona en 1931.

Nati Mistral nos canta quién la esperaba en Eslava tomando café.

Música popular

Además, la zarzuela es uno de los ejemplos de la historia de la música que, tras nacer como género culto de autor, es asumido por el pueblo que le da origen, deviniendo en cultura popular. De hecho, algunos de sus fragmentos –como, por ejemplo, el tango-habanera «Pobre chica, la que tiene que servir…» de La Gran Vía o la mazurka de las sombrillas de Luisa Fernanda– han devenido en músicas populares: tan definitorios del ser musical español como lo puedan ser un fandango o una muñeira.

Desde la Revolución de 1868, el género disfrutó de un consumo masivo y voraz en España e Hispanoamérica, formando parte de un sistema teatral que demandaba novedades de continuo, desarrollando un nuevo concepto de ocio, posteriormente asumido por el cine.

La ‘mazurca de las sombrillas’ de Luisa Fernanda.

Las zarzuelas no sólo se escuchaban en los teatros, sino que sonaban también en los pianos y pianolas domésticos, en los sextetos de los cafés y las salas de baile, en las miles de bandas que tocaban en los kioscos de música, en las murgas y en los organillos callejeros. De hecho, podríamos decir que fue el primer género de música popular urbana de España y el resto de países hispanos, una música contemporánea que incorporaba todas las novedades sociales y musicales, y cuyos éxitos pronto pasaban a formar parte del paisaje sonoro de pueblos y ciudades.

Historia de España contemporánea

Portada de la partitura vocal de La Gran Vía. BNE, CC BY

En este sentido, no hay forma más divertida de conocer la evolución social de la España contemporánea que aproximándose a la zarzuela, pues en su último siglo de vida (1850-1950) se hace eco de los inmensos cambios que vive el país. Así, el repertorio recoge la relevancia de las novedades técnicas, desde la llegada del ferrocarril –equiparable a la llegada hoy de la alta velocidad–, al gas, la luz eléctrica, el ascensor o el automóvil, el fonógrafo, la fotografía –el mismo Chueca incorpora diversos «fotógrafos» como personajes en sus sainetes–, el «Skating-ring» o el cinematógrafo.

Los textos incorporan personajes famosos –políticos, toreros, cupletistas…– y están trufados de críticas vivísimas a la política y la sociedad contemporáneas. Esa capacidad de reflejar la realidad y su carácter noticioso le da al repertorio una atractiva frescura capaz de otorgar a las nuevas generaciones una inmersión en el pasado de forma directa, divertida e instantánea.

Su poder evocador se multiplica gracias a la música. Las partituras de zarzuela no sólo incluyen músicas de tradición oral española como la jota, el fandango, la alborada, las seguidillas o la habanera, sino que también introducen los ritmos modernos, desde las danzas urbanas de salón –vals, mazurka, polonesa, polka, etc.– hasta los ritmos americanos –machicha, danzón, tango, cakewalk, fox, fox-trot, shymmy…–.

Producción de El barberillo de Lavapiés del Teatro de la Zarzuela, una obra con mucha crítica política.

Era la «lista de reproducción» de hombres y mujeres de la segunda mitad del siglo XIX y primera mitad del XX, que se veían reflejados en aquellas historias sentimentales, abordadas con mirada amable y divertida, reflejo veraz de un país en continua evolución hacia la modernidad.

En la actualidad

La zarzuela como género vivo dejó de componerse de forma masiva en los años cincuenta del siglo XX. Otras músicas populares urbanas y sus medios de difusión llegaron con fuerza y ocuparon su lugar en las preferencias de los públicos más jóvenes. De hecho, encontrar desde entonces un compositor llamado a escribir zarzuelas es toda una rareza. Y las escasísimas obras que se definen como tales –Los vagabundos (1977) y Fuenteovejuna (1981), de Moreno Buendía, o Maharajá (2017), de Guillermo Martínez– ante el análisis, evidencian su naturaleza de comedias musicales.

Desde 2018 esperamos que se materialice el estreno de Policías y ladrones, zarzuela encargada por el Teatro de la Zarzuela de Madrid a Tomás Marco, que la huelga de empleados del coliseo en 2018 y la covid-19 en 2020 impidieron.

Producción de Los Gavilanes, una de las últimas zarzuelas programadas en el Teatro de la Zarzuela. Teatro de la Zarzuela

Sin embargo, considero que el futuro del género no está tanto en la escritura de partituras nuevas como en lograr su (re)descubrimiento por las nuevas generaciones. La musicología universitaria ha avanzado mucho en la edición de partituras y los estudios académicos sobre la zarzuela y sus autores, pero sigue siendo necesario conectar con el público joven, y eso sólo lo puede lograr la magia del teatro.

El tiempo nos dirá si proyectos como Zarza, “zarzuela hecha por jóvenes y para jóvenes”, consiguen su objetivo. Yo soy plenamente feliz cuando uno de mis alumnos universitarios, tras estudiar y escuchar las partituras de Chueca, Barbieri, Gaztambide o Literes, se maravilla por su belleza y calidad y los incorpora a su «lista de reproducción» personal. Ese descubrimiento y los que vengan después le habrán ganado ya para siempre para la causa de la cultura.The Conversation

María Encina Cortizo Rodríguez, Catedrática de Universidad, Musicología, Universidad de Oviedo

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

domingo, 24 de octubre de 2021

La bachata: de Dominicana a Tangana y Nathy Peluso

Imagen del videoclip Ateo, de C. Tangana y Nathy Peluso. Vebo / SonyMusic
Ioshinobu Navarro Sanler, Universidad Rey Juan Carlos

“La bachata es el canto más sincero y honesto, nacido del pueblo, sin aderezos, sin esconder las cosas que no están bien hechas, porque en el folclor no hay nada incoherente, no hay nada malo, es espontánea, simplemente es. No es buena ni mala, es hermosa, el canto de mi pueblo”.

Casanova, 2008.

La rica tradición cultural de las islas del Caribe ha dado a la cultura mundial numerosas manifestaciones que nos dejan ver cómo, dentro de sus propias raíces y en la formación de la nueva cultura surgida a partir de las tradiciones españolas y africanas, generan una identidad rica en manifestaciones artísticas. Si bien éstas surgen en la marginalidad de los estratos mas desfavorecidos de la sociedad, luego logran encumbrarse como un bien cultural de la humanidad.

En la actualidad, la bachata, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2019, es uno de los géneros musicales y bailables en auge. Surgido en Republica Dominicana como una manifestación popular, se ha convertido en uno de los ritmos de moda en Europa y ha producido, en el mercado musical, ganancias millonarias tanto a productores como artistas del género. Un ejemplo reciente es el éxito que ha tenido “Ateo”, la canción de C. Tangana y Nathy Peluso.

                         
                                                                  Videoclip de Ateo.

Orígenes del género

La bachata, como su nombre indica, se refiere a cualquier tipo de celebración, fiesta o reunión donde el centro es la música popular, tocada en vivo, no necesariamente por músicos profesionales, de manera espontánea. En este entorno, la mezcla de ritmos y estilos (bolero, son cubano, guaracha o merengue) dio como resultado el nacimiento de la bachata, que en un primer momento se convirtió en la imagen sonora de la clase más popular de la sociedad dominicana y que engloba lo musical y lo danzado.

En sus inicios fue una forma especial de expresión, principalmente, del amor, hecha por personas con conocimientos básicos de música y literatura que, por sus propias condiciones sociales y culturales, creaban una obra de gran sencillez pero de un gran valor antropológico y cultural.

La bachata además no solo se centra en el aspecto dramático y amoroso, sino también en otros aspectos de la vida cotidiana, en forma de la llamada canción de amargue. A través de ellas se establecen contactos con gente del pueblo llano. También son utilizadas como forma de orientación, mensajería o para enviar saludos a la familia.

Vulgar y marginal

Tenemos que contextualizar que este nuevo estilo surge en los inicios del siglo XX, localizándose en los barrios pobres, los burdeles y en los bateyes agrarios. Esta bachata que se gesta en los sectores más excluidos de la sociedad dominicana, tanto a nivel musical como en su representación danzaria, no fue aceptada ni bien vista por otros sectores sociales, siendo catalogada como vulgar y carente de cualquier valor.

                                        Merengue, de Jaime Colson. Museo del Barrio

Durante el estado dictatorial de Rafael Trujillo, que mantuvo una política de conservadurismo radical, la bachata se reprime, relegándose a los estratos más desfavorecidos y excluidos de la sociedad, mientras que desde el propio gobierno del dictador el merengue se impulsa como baile de simbología nacional. Pero la bachata continúa vigente para los estratos segregados, no solo como entretenimiento sino también como vía de escape de los problemas cotidianos, como una abstracción de la realidad económica, política y social del momento.

El antropólogo dominicano Zecca Castel define así el momento en el que se escucha la bachata:

“… funciona como una suerte de mecanismo de salida de la realidad, pues cuando se está escuchando bachata «el pensamiento no es libre para reflexionar sobre los problemas»… Estas personas ven su propia vida reflejada en las letras de las bachatas, hablan de nosotros, de la gente pobre, negra, afrodescendiente. De historias que nos pueden pasar”.

En esta alusión a las letras de las bachatas encontramos la relación con su ascendente, el bolero, que nos habla de las relaciones humanas a través de la configuración de la historia que se narra y relata. Igualmente la bachata habla de sentimientos, del desamor, de la ruptura y el dolor del abandono, de la amargura. También se distingue la elevación del ser amado a través de metáforas idílicas con una estructura menos poética que el bolero, pero igualmente clara.

Podemos constatar que el primer sencillo que se graba de este estilo, siendo un paso cualitativo en su desarrollo, se realiza en 1961 con “Borracho de amor”, seguido por “Qué será de mí”, también conocido como “Mi condena”, del músico José Manuel Calderón.

 Acto bachatero en el Instituto Cervantes de Tokio. Instituto Cervantes de Tokio, CCBY-SA

En los aspectos musicales de la bachata encontramos varias curiosidades. Éstas nos dan la pista de esa mezcla de ritmos y estilos musicales que la anteceden. Por ejemplo, la sustitución de las maracas, instrumento de percusión presente en el bolero, por la güira; o la inclusión, además de la guitarra española, del bongó, otro instrumento de percusión muy habitual en la música de acompañamiento de muchas de las danzas surgidas a partir del sincretismo cultural existente en las islas del Caribe, como la rumba o el son cubano.

En un primer momento, el ritmo bachatero no era el que podemos escuchar hoy, sino que se asemejaba mucho más a un bolero. Por eso se le conoció como bolero de guitarra.

Trayectoria

Importante para la preservación de este estilo sin duda fue, durante las décadas de los 60 a los 80, la radiodifusión en los medios de comunicación rurales. Durante este período, músicos como Ramón Torres, Olivo Acosta, Bernardo Ortiz, Inocencio Cruz, Aridia Ventura, Miguelito Cuevas, Tony Santos y Marino Pérez tomaron la bachata como el medio musical para contar la realidad de su tiempo de una manera llana y sencilla, asimilable para el sector al que estaba destinada.

Pero sin duda la internacionalización de la bachata se produce cuando, en 1993, Juan Luis Guerra estrena su “Bachata Rosa”, convirtiendo el género en uno de los más aceptados por la sociedad dominicana e internacional.

                   
                                            La ‘Bachata Rosa’ de Juan Luis Guerra.

Guerra revolucionó la bachata, configurándola como la conocemos hoy en día. A partir de este momento, muchos músicos dominicanos se sumaron al gusto que se ha desarrollado por este estilo, incluyendo agrupaciones y cantantes conocidos como el grupo Aventura o su exvocalista, Romeo Santos.

Bailar bachata

En el aspecto danzario, para entender la bachata tenemos que partir de su origen humilde, en el que las connotaciones sensuales que vemos hoy ya estaban incluidas.

                      
                                            Baile en un colmado de Santo Domingo.

El baile comienza con un paso básico en el lugar, al que siguen movimientos laterales con este mismo paso básico. Luego, manteniendo el ritmo y la dinámica, se realizan evoluciones en las que se incluyen giros y otro tipo de desplazamientos.

Esta descripción de la danza nace de su forma original, en la que se bailaba como el bolero, por parejas y prácticamente en el lugar. En este sencillo paso encontramos la manera de convertir el sentido musical en movimiento, y una forma de entender la música y el concepto de ritmo muy similar a otros estilos de danza caribeños y latinoamericanos.

Ya con la evolución musical, también el paso danzado cambia hacia un doble paso, la inclusión de un toqué ejecutado con los pies y el movimiento marcado de las caderas, elemento que hoy es característico en la forma de bailarlo.

En la actualidad, y con la difusión que el estilo musical ha tenido internacionalmente, la danza ha proliferado en diferentes modalidades o estilos, que abarcan la bachata romántica, bachata sensual, el bachatango, la bachata moderna –la más conocida en la actualidad y en la que incluso vemos evoluciones acrobáticas en el manejo de la pareja– y la urban bachata, mezcla de estos dos estilos urbanos que comparten inicios de desprecio y degradación, llegando a convertirse en elementos indiscutibles de la identidad cultural que hoy son aceptados con completa naturalidad.

                     
                      Ataca y La Alemana, dos populares bailarines de bachata moderna.

El desarrollo de todos estos estilos y evoluciones nos da la medida de cómo la bachata, un género denostado en sus inicios, hoy puede gozar de la preferencia de muchos sin ser visto de manera despectiva.

En muchos lugares del mundo, las academias de baile incorporan la enseñanza de la bachata, que se ha convertido, junto al tango, el son y la salsa, en un exponente más de la cultura latina, forjada a partir de las raíces sincréticas que son el cimiento de la cultura iberoamericana, que sigue emergiendo, para ser conocida por todo el mundo, gracias a la globalización cultural.The Conversation

Ioshinobu Navarro Sanler, Docente Investigador Artes y Humanidades Instituto Universitario de la Danza Alicia Alonso, Universidad Rey Juan Carlos

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

jueves, 7 de octubre de 2021

Rigoberta Bandini: Nuevas formas de mística

Rigoberta Bandini durante una actuación el 24 de septiembre 2021 en el Patio Central de Conde Duque (Madrid). Conde Duque madrid / Lukasz
Elena Galea Pozo, Universidad de Córdoba

En medio de tiempos de crisis aflora la necesidad de retomar o encontrar la espiritualidad. Aunque hoy en día adquiere otras características y otros objetivos distintos de los preestablecidos tradicionalmente, una de las formas de hacerlo es a través del ejercicio místico. Las manifestaciones místicas de nuestro tiempo aparecen tanto en la literatura, en el cine o en la música.

              Rigoberta Bandini anunciada en Times Square. Rigoberta Bandini/Twitter

Rigoberta Bandini, el proyecto musical de la artista multidisciplinar Paula Ribó (Barcelona, 1990), irrumpe en 2020 y es catalogado por la crítica como “electrónica espiritual” o synth-pop costumbrista. Además de estas etiquetas, sus canciones tienen elementos poéticos y líricos así como un contenido que se dirige hacia la reflexión e incluso la espiritualidad mística.

El concepto que generalmente entendemos como mística cada vez es más amplio y dista mucho de su significado original, relacionado con la caridad, la misericordia, la búsqueda del amor de Dios y el conocimiento de las verdades de la fe, ligado a la misma mística así como las experiencias místicas dentro de contextos religiosos. Sin embargo, todo lenguaje místico expresa una relación especial entre el humano y Dios. El concepto de Dios lo tomará el místico de su credo religioso particular (o de la filosofía que profese).

Hacia el pop místico

En la mayoría de las canciones de Bandini pueden apreciarse las características comunes de textos místicos de diferentes religiones y movimientos, como el sentimiento de realidad de lo divino, la pasividad, la inefabilidad, la preparación ascética o la paradoja, elemento por excelencia de las composiciones místicas.

En las letras de sus canciones aparecen recursos retóricos y palabras que no tienen cabida en el imaginario místico tradicional: préstamos, extranjerismos, eufemismos hacia referentes culturales contemporáneos, palabras y expresiones en boga o de la jerga juvenil, y elementos de la cultura pop como un Magnum almendrado, Mónica Naranjo o Virginie Despentes.

Pero también aparecen indicadores textuales de manifestaciones de experiencias místicas, normalmente relacionados con el éxtasis (“Directamente desde Colombia todo tu espíritu moviéndose al ritmo de la cumbia”), la pneumatología, la suspensión del sentido del lenguaje (“Brrrapapa”), simbología del fuego (“Porque este trono se incendió y yo aspiro llamas”), sentimiento oceánico, conciencia cósmica (“sideral”, “semiastral”).

La conocida canción In Spain we call it soledad está escrita en su mayoría en inglés excepto cuando se nombran los sentimientos (en español), en lugar de la vaga definición que se nos ofrece a través de descripciones, metáforas y símiles, acercándose al sentimiento de la inefabilidad (“And now I’m on a plane to New York/ And I don’t know how do they name those feelings”; en su traducción: “Y ahora estoy en un avión hacia Nueva York / Y no sé cómo llaman a esos sentimientos”).

        Videoclip de ‘In Spain we call it soledad’.

Algunas de las canciones recogen las ideas de la espiritualidad de la autora, incluso imitan la estructura y la progresión de una oración, por ejemplo Que Cristo baje, donde nos introduce en su universo habitado por conceptos resignificados y elementos de la cultura pop (“Quiero que Cristo baje a enseñarme a rezar/ Pillarnos juntos un billete a las Bahamas”).

Too many drugs, probablemente el tema más conocido de la cantante catalana, describe un viaje en búsqueda de espíritu. Versos que se comunican con imágenes del imaginario religioso (“Ven con tu espíritu”) y místico, por ejemplo, las moradas o castillo interior del alma de Santa Teresa (“Que dentro yo tengo un palacio real/ Lleno de cuartos donde patinar”).

Las experiencias místicas son popularmente conocidas por sus efectos, ya sean principales (éxtasis, unión) o secundarios, como la suspensión sensorial, la clarividencia o el automatismo verbal. Son efectos que también se vinculan con la música electrónica, ligada estrechamente a la cultura de las drogas. Es más, los efectos en los oyentes tanto de esta música como de la droga son similares, razón que justifica en cierto modo la explicación lógica del uso en estas composiciones del lenguaje religioso.

Mística en la era de la información

El uso de plataformas digitales para la distribución y consumo de música ha sido crucial para Rigoberta Bandini. Ribó afirma que compuso estas canciones durante el confinamiento y la pandemia actual de covid-19, lo que ha limitado la presentación y ha cambiado la forma de consumo de sus canciones. Las imágenes místicas de nuestra época hiperconectada ofrecen desde fotografías, collages y vídeos hasta emoticonos, como vemos en el videoclip de Too many drugs, que Paula Ribó monta con la grabación de la pantalla de su iPhone, mientras escribe la letra en la app de Notas y finalmente abre su galería de imágenes enseñándonos vídeos donde aparece en su casa en bata.

Videoclip de ‘Too many drugs’.

Probablemente el objetivo de las composiciones de Bandini no comparte el fin último de la mística de la unión con Dios o el Uno, ya que en ningún momento la autora trata de aleccionar o dar consejos y, sobre todo, no existe una conversación tal con Dios como lo hicieran los místicos. No obstante, en sus canciones sí que aparecen elementos característicos de textos vinculados a diferentes doctrinas místicas; su obra recibe una clara herencia estética de la mística.

La expresión de la cotidianeidad y la atención a las cosas mundanas comunican la música de Rigoberta Bandini con obras como la de la mística castellana Santa Teresa de Ávila. Sus canciones se dirigen hacia el deseo y la empatía, la ansiedad y las dudas existenciales. La situación actual ha limitado la presentación de proyectos que carecen de sentido si no se comparten, pero hemos encontrado la manera de comunicar estos sentimientos a través de los recursos al alcance de nuestra mano. La distancia, en lugar de alejar al artista del público, lo ha acercado a través del uso de experiencias personales y elementos cotidianos.The Conversation

Elena Galea Pozo, Doctoranda en Programa de Doctorado en Lenguas y Culturas de la Universidad de Córdoba, Universidad de Córdoba

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Así completamos la inacabada Décima Sinfonía de Beethoven

Circe Denyer
Ahmed Elgammal, Rutgers University

Cuando Ludwig von Beethoven falleció en 1827 hacía ya tres años que había terminado la Novena Sinfonía, una composición que muchos consideran su obra maestra. Había empezado a trabajar en su Décima Sinfonía pero, debido al deterioro de su salud, no fue capaz de avanzar demasiado: todo lo que dejó fue un puñado de bocetos musicales.

Desde entonces los admiradores de Beethoven y los musicólogos han especulado mucho sobre cómo podría haber sido esta obra, y han lamentado enormemente su ausencia. Las notas de Beethoven que conservamos parecen apuntar a una gran obra, si bien esta siempre parece estar fuera de nuestro alcance.

Pero ahora, gracias al trabajo de un grupo de historiadores de la música, musicólogos, compositores y científicos de la computación, la obra de Beethoven cobrará vida.

Yo estuve al frente de la componente de inteligencia artificial del proyecto. Dirigía a un grupo de científicos de la start up especializada inteligencia artificial creativa Playform AI encargada de enseñar a una máquina no solo el conjunto de las obras de Beethoven, sino también las características de su proceso creador.

Tenemos planeado dar a conocer una versión completa de la Décima Sinfonía de Beethoven el 9 de octubre de 2021, día en que dicha composición se interpretará en Bonn (Alemania) en lo que supondrá la premiere mundial. Ese día se culminará un esfuerzo que ha durado dos años.

Los intentos del pasado se dieron contra un muro

En torno a 1817 la Royal Philharmonic Society de Londres encargó a Beethoven que compusiera sus sinfonías Novena y Décima. Una sinfonía, al estar pensada para que la interprete una orquesta, suele constar de cuatro movimientos: un primero que se ejecuta a un tempo rápido, un segundo que se hace a un tempo más lento, un tercero que se interpreta a un tempo medio o rápido, y finalmente un último movimiento, que se suele ejecutar a un tempo rápido.

Beethoven completó su Novena Sinfonía en 1824, que finaliza con el intemporal Himno de la alegría.

Pero en lo que respecta a la Décima Sinfonía, Beethoven no nos legó demasiado material más allá de algunas notas musicales y de un puñado de ideas que dejó apuntadas.

Trozo de papel con notas musicales anotadas.
Una página de las notas que Beethoven tomó para componer la Décima Sinfonía. Beethoven House Museum, CC BY-SA

Ya se habían realizado intentos de reconstruir partes de la Décima Sinfonía de Beethoven. El más famoso data de 1988, cuando el musicólogo Barry Cooper se atrevió a completar los dos primeros movimientos. Enlazó 250 compases extraídos de bocetos del autor para crear lo que, en su opinión, era una versión del primer movimiento digna del talento de Beethoven.

Pero el escaso número de bocetos que dejó Beethoven hizo imposible que los expertos fueran más allá de este primer movimiento.

Reuniendo al equipo

A comienzos de 2019, Matthias Röder, director del Instituto Karajan, una organización con sede en Salzburgo (Austria) que fomenta la tecnología musical, contactó conmigo. Me explicó que estaba reuniendo a un equipo para completar la Décima Sinfonía de Beethoven con el fin de conmemorar el 250 aniversario del compositor. Röder conocía mi trabajo en el campo de la creación de arte mediante inteligencia artificial, y quería saber si dicha herramienta podría ayudar a llenar los huecos dejados por Beethoven.

El reto era abrumador, pues para llevarlo a cabo la inteligencia artificial tendría que hacer cosas que nunca antes había hecho, pero le dije a Röder que lo intentaría.

Reunió a un equipo que incluía al compositor austriaco Walter Werzowa, famoso por componer el jingle de firma de la empresa Intel. A Werzowa se le asignó la tarea de estructurar un nuevo tipo de composición que integraría lo que Beethoven dejó escrito con el nuevo material creado por la inteligencia artificial. Mark Gotham, experto en música computacional, dirigió la tarea de transcribir los bocetos de Beethoven y procesó también todas sus obras para ofrecer a la inteligencia artificial el entrenamiento necesario.

El equipo también incluía a Robert Levin, un musicólogo de la Universidad de Harvard que además resultó ser un pianista increíble. Antes de este proyecto, Levin ya había completado un buen número de piezas inconclusas del siglo XVIII de autores como Mozart o Bach.

El proyecto toma forma

En junio de 2019 el grupo se reunió para una sesión de trabajo de dos días en la biblioteca musical de la Universidad de Harvard. En una habitación amplia con un piano, una pizarra y una pila de libros de bocetos de Beethoven que contenían la mayoría de sus obras más conocidas, discutimos sobre cómo convertir los fragmentos de la Décima Sinfonía en una composición musical completa. También tratamos la cuestión de cómo la inteligencia artificial podía ayudar a resolver este rompecabezas sin dejar por ello de mantenerse fiel tanto al proceso creativo como a la visión musical de Beethoven.

Los expertos musicales de la sala estaban deseando saber más sobre el tipo de música que se había creado mediante inteligencia artificial. Les dije que en el pasado se había compuesto con éxito una música parecida a la de Bach. Sin embargo, se había tratado tan solo de la armonización de una melodía que ya tenía el estilo del autor, lo que estaba muy lejos de lo que nosotros pretendíamos, que era crear una sinfonía entera a partir de un puñado de fragmentos.

Retrato de un hombre escribiendo en un cuaderno.
La inteligencia artificial necesitaba aprender del conjunto de la obra de Beethoven para crear algo que el compositor pudiera haber escrito. Hulton Fine Art Collection/Getty Images

Mientras tanto, los científicos de la sala (entre los que yo me encontraba) queríamos saber con qué tipo de materiales contábamos y cómo habían pensado usarlos los expertos para completar la sinfonía.

La tarea que teníamos entre manos se iba concretando. Íbamos a necesitar usar las notas y las composiciones de toda la obra de Beethoven (y también los fragmentos disponibles de la Décima Sinfonía) para crear algo que el propio autor podría haber escrito.

Y esto suponía un reto tremendo. No disponíamos de una máquina a la que le pudiéramos meter los bocetos y que nos escupiera una sinfonía tras apretar a un botón. La mayoría de las herramientas de inteligencia artificial disponibles en ese momento no podían continuar una pieza musical incompleta más allá de unos pocos segundos.

Necesitaríamos ampliar los límites de lo que la inteligencia artificial creativa podía hacer enseñándole a la máquina el propio proceso creativo de Beethoven, es decir, cómo el autor había seleccionado una serie de compases y los había ido ampliando con exquisito cuidado hasta convertirlos en estimulantes sinfonías, cuartetos y sonatas.

Encontrando el sentido del proceso de creación de Beethoven

A medida que el proyecto iba avanzando fue evolucionando también la colaboración entre la componente humana y la realizada por máquinas. Werzowa, Gotham, Levin y Röder interpretaban y transcribían los bocetos de la Décima Sinfonía, y mientras lo hacían trataban de adivinar cuáles habían sido las intenciones del autor. Tomando como plantilla las sinfonías terminadas, intentaron darle un sentido general a los bocetos musicales otorgándoles un lugar concreto (en qué movimiento, en qué parte de qué movimiento, etc.).

Tuvieron que tomar decisiones como por ejemplo si un determinado boceto indicaba el inicio de un scherzo, que es una parte muy animada de la sinfonía que generalmente se sitúa en el tercer movimiento; o también tenían que decidir si era probable que una determinada partitura era o no la base de una fuga, que es una melodía que se crea entretejiendo segmentos musicales de tal forma que todos replican un motivo general.

La vertiente de inteligencia artificial del proyecto (mi vertiente) tuvo que hacer frente a un amplio abanico de tareas, que en todos los casos supusieron retos.

Lo primero y más importante era resolver el asunto de cómo podíamos, a partir de una frase musical, o incluso de un motivo, desarrollar una estructura musical más larga y compleja que imitara el modo en que Beethoven lo hubiera hecho. Por ejemplo, la máquina tenía que aprender cómo había compuesto Beethoven la Quinta Sinfonía a partir de un motivo musical básico de cuatro notas.

Es bien conocido que Beethoven utilizó como base un motivo de cuatro notas para crear la Quinta Sinfonía. Australian Champber Orchestra/YouTube600 KB (download)

Lo siguiente, y dado que la frase necesita adoptar algún tipo de forma musical, ya sea un scherzo, un trío o una fuga, es que la inteligencia artificial necesitaba asimilar el proceso creativo de Beethoven para desarrollar esas formas.

La lista de tareas aumentó: teníamos que enseñar a la inteligencia artificial cómo seleccionar una línea melódica y armonizarla. La inteligencia artificial tenía que aprender a enlazar dos secciones musicales diferentes, y además nos dimos cuenta de que tenía que saber componer codas, es decir, segmentos que marcan el fin de una sección o de una obra musical.

Por último, cuando tuvimos terminada toda la composición, la inteligencia artificial había de determinar cómo orquestarla, lo que implicaba asignar cada una de las partes de la obra un instrumento musical.

Y tenía que hacer todo esto de la misma forma en que lo habría hecho Beethoven.

El primer test

En noviembre de 2019 el equipo volvió a reunirse de forma presencial, aunque esta vez en Bonn, en la Casa Museo de Beethoven, donde el compositor nació y creció.

Este encuentro fue la prueba de fuego para determinar si la inteligencia artificial podía completar el proyecto. Imprimimos las partituras que había creado la inteligencia artificial y las combinamos con los bocetos de Beethoven de la Décima Sinfonía. Un pianista lo interpretó en una pequeña sala de conciertos del museo ante un grupo de periodistas, académicos y expertos en Beethoven.

Un grupo de personas de pie alrededor de un pianista.
Se convocó a periodistas y músicos para escuchar una interpretación de piano de fragmentos de la Décima Sinfonía de Beethoven. Ahmed Elgammal, CC BY-SA

Retamos a la audiencia a que adivinara qué frases musicales eran de Beethoven y dónde empezaba por tanto la extrapolación de la inteligencia artificial. No fueron capaces.

Unos días después, una de las partituras generadas por la inteligencia artificial fue interpretada por un cuarteto de cuerda en un acto con prensa. Solo aquellos que tenían un conocimiento profundo de los bocetos de Beethoven pudieron determinar qué partes habían sido elaboradas de forma artificial.

El éxito de estos test nos indicó que estábamos en el buen camino, pero apenas eran un par de minutos de música. Aún quedaba mucho trabajo por hacer.

Listo para presentarlo al mundo

El genio de Beethoven estaba presente en todo momento, lo que nos impulsaba a hacerlo mejor. Además, a medida que el proyecto evolucionaba, la inteligencia artificial también lo hacía. Durante esos 18 meses compusimos y orquestamos dos movimientos enteros de más de 20 minutos cada uno.

Sabemos que el proyecto despertará reticencias. Habrá gente que dirá que el arte está más allá de las posibilidades de la inteligencia artificial, o que esta no tiene derecho a replicar el proceso creativo humano. Pero cuando hablamos de arte, yo no concibo la inteligencia artificial como un sustituto, sino como una herramienta (una herramienta que abre caminos a los artistas para que se expresen de formas nuevas).

Este proyecto no habría sido posible sin el conocimiento especializado de historiadores y músicos humanos, y llevarlo a cabo exigió una inmensa cantidad de trabajo (y sí, también de capacidad creativa).

Hubo un momento en que uno de los expertos musicales del equipo dijo que la inteligencia artificial le recordaba a un estudiante de música de los entusiastas; de los que practican todos los días, aprenden y no dejan de mejorar.

Ahora a ese estudiante se le ha dado la batuta de Beethoven, y ya está listo para presentar al mundo la Décima Sinfonía.

Selección de fragmentos de la Décima Sinfonía de Beethoven. YouTube/Modern Recordings, CC BY-SA3 MB (download)
The Conversation

Ahmed Elgammal, Professor, Director of the Art & AI Lab, Rutgers University

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.